PROMETER NO CUESTA NADA: CUMPLIR SI

[responsivevoice_button voice="Spanish Latin American Male" buttontext="Escuchar Noticia"]
Compartir en

En Colombia las promesas de campaña se dicen con una facilidad insultante: Se prometen hospitales donde no hay médicos, empleo donde no hay empresas y seguridad donde no hay autoridad. Prometer no cuesta, y cumplir parece no importar, ya que cada nueva campaña trae el mismo libreto… “ahora sí”, “esta vez sí”, “conmigo sí”; en cada época electoral, se ofrecen soluciones inmediatas a problemas históricos, como si gobernar fuera cuestión de voluntad y no de gestión. El candidato promete, el público aplaude y la realidad espera sentada.

Lo curioso es que nadie pregunta cómo se hará, todo lo que se promete… El “qué” suena bonito, pero el “cómo” incomoda. ¿De dónde saldrá toda esa plata? ¿Quién ejecutará? ¿En cuánto tiempo?… Son preguntas básicas que rara vez tienen respuesta, porque no suman votos ni titulares. Las promesas se volvieron mercancía electoral, las cuales, se adaptan según el público: en la mañana se promete austeridad y en la tarde más gasto; en una plaza se ofrece mano dura y en otra diálogo infinito.

Ah… pero cuando llega el momento de gobernar, la culpa es del nuevo presidente, del Congreso entrante, del antecedente del político o de la elección nacional. Las promesas incumplidas se maquillan con excusas y discursos largos que no alcanzan a tapar la instrumentalización ciudadana. No es que los políticos prometan, eso siempre pasará… Lo grave es que como sociedad sigamos premiando la vulgaridad política de esos monólogos vacíos enfrente de nuestros rostros y, cuando alguien diga una verdad incómoda, se le condene a la horca a esa persona que opina diferente; Preferimos el cuento bonito al diagnóstico honesto.

Tal vez ha llegado la hora de cambiar la pregunta: No decir ¿Qué promete?, sino ¿Qué puede cumplir? Mientras sigamos votando por promesas, seguiremos gobernados por decepciones, o mejor, por decepcionantes.


Compartir en

Te Puede Interesar