Erika Palma es señalada por una obra inconclusa que desató alarma sanitaria.
El enorme hueco que hoy genera indignación en el barrio Restrepo no es producto del abandono ciudadano, sino de una intervención institucional que nunca fue concluida. Según denunciaron los habitantes, el daño se originó luego de que el IBAL realizara trabajos para reparar una alcantarilla en mal estado. La obra, que debía mejorar la movilidad y el saneamiento, terminó dejando la vía completamente destruida, sin pavimento y con agua estancada, generando un foco permanente de zancudos y mosquitos.
La Junta de Acción Comunal señaló directamente a la empresa y a su exgerente, Erika Palma, como responsables de una situación que hoy pone en riesgo la salud pública. De acuerdo con los líderes comunales, la acumulación de agua se ha convertido en un criadero ideal para insectos transmisores de enfermedades, afectando principalmente a niños y adultos mayores. Vecinos aseguran que las picaduras son constantes y que el temor a brotes de dengue y otras infecciones crece con cada lluvia.
La escena resulta tan alarmante como irónica. El presidente de la J.A.C. afirmó que el barrio Restrepo “se convirtió en tierra apta para cultivos”, debido al abandono de la vía. En el tramo comprendido entre la carrera 6B y las calles 39 y 39A comenzaron a crecer tomate, lulo, ahuyama y plátano, como si se tratara de una parcela rural y no de una calle urbana. Para la comunidad, esta situación refleja el nivel de descuido institucional.
Entre las calles 39A y 40, el panorama es aún más indignante. Una tomatera completamente florecida crece en medio del hueco, lista para ser cosechada. Los habitantes aseguran contar con material fotográfico que demuestra cómo la naturaleza ocupó el espacio que las autoridades dejaron abandonado. Lejos de causar gracia, la imagen se convirtió en símbolo del abandono que denuncian desde hace meses.
La molestia se profundizó tras una visita realizada el 19 de junio de 2025 por la alcaldesa Johana Aranda, quien llegó al sector acompañada de Erika Palma, quien para ese entonces tenía el cargo de gerente del IBAL. Durante el recorrido, ambas se comprometieron públicamente a pavimentar la vía mediante el programa 3×1. La promesa generó expectativa entre los vecinos, quienes creyeron que el problema tendría una solución definitiva.
Sin embargo, hasta hoy no existe pronunciamiento oficial ni inicio de obras. El hueco sigue abierto, los zancudos proliferan y la comunidad continúa esperando respuestas. Para los habitantes del barrio Restrepo, el silencio institucional es tan grave como el riesgo sanitario que enfrentan cada día.



