Una nueva etapa en la lucha contra el narcotráfico
Colombia y Estados Unidos avanzan en una estrategia antidrogas basada en resultados verificables, mientras Bogotá busca recuperar la certificación de Washington

El Gobierno colombiano y Estados Unidos dieron este miércoles un nuevo paso para fortalecer la cooperación contra el narcotráfico. El presidente Abelardo de la Espriella encabezó en la Casa de Nariño una reunión de alto nivel con representantes estadounidenses, en un momento especialmente sensible para la relación bilateral y para la política antidrogas colombiana.
El encuentro tiene un objetivo político y operativo: establecer una estrategia con metas e indicadores que permitan medir resultados concretos en la lucha contra las organizaciones dedicadas al tráfico de drogas. El mandatario colombiano afirmó que ambos países deben avanzar hacia una política antidrogas basada en resultados, según reportaron medios nacionales.
Uno de los asuntos centrales es la decisión de Estados Unidos de mantener a Colombia dentro de los países que, según Washington, no han demostrado durante el último periodo esfuerzos suficientes para cumplir sus compromisos internacionales contra las drogas. Sin embargo, Estados Unidos mantuvo la asistencia a Colombia al considerar que continúa siendo importante para sus intereses nacionales.
¿Qué busca cambiar Colombia?
La nueva estrategia pone el énfasis en atacar diferentes eslabones de la cadena criminal. De acuerdo con la información divulgada sobre la reunión, las prioridades incluyen la interdicción de cargamentos, destrucción de laboratorios y desmantelamiento financiero de las organizaciones narcotraficantes, además de fortalecer la cooperación bilateral.
El cambio también tiene una dimensión diplomática. El Gobierno colombiano busca recuperar la certificación antidrogas de Estados Unidos, lo que convierte los resultados de los próximos meses en un elemento importante de la relación entre Bogotá y Washington. La certificación estadounidense tiene consecuencias sobre la cooperación y asistencia, aunque la propia decisión de Washington contempla que factores geográficos y económicos también influyen en la clasificación de los países productores o de tránsito.
El narcotráfico sigue siendo un problema regional
Los datos internacionales muestran la magnitud del desafío. El Informe Mundial sobre las Drogas 2026 de Naciones Unidas señala que el cultivo ilícito mundial de coca alcanzó un récord de 385.100 hectáreas en 2024, con la región andina concentrando la mayor parte de esta actividad. Colombia, Perú y Bolivia continúan siendo los principales países asociados al cultivo de coca.
En Colombia, el reporte sobre cultivos ilícitos correspondiente a 2024 registró 261.000 hectáreas de coca, según información publicada tras la divulgación del informe de Naciones Unidas. Nariño, Putumayo y Norte de Santander aparecen entre las zonas históricamente afectadas, lo que convierte al suroccidente colombiano en una región estratégica dentro de cualquier política de reducción del narcotráfico.
Washington también aumenta su participación
La cooperación no se limita al intercambio de información. Este mismo miércoles se conoció que Estados Unidos trasladó drones MQ-9 Reaper desde África hacia Colombia y Ecuador para apoyar labores contra el narcotráfico y el crimen organizado. La información fue reportada por The New York Times y recogida por El País, en un contexto de creciente coordinación militar entre Washington y gobiernos de la región.
La cooperación también se ha reflejado en operaciones judiciales. En septiembre, Colombia extraditó a Estados Unidos a Geovany Andrés Rojas, alias “Araña”, señalado por autoridades estadounidenses como presunto líder de una estructura vinculada al tráfico de cocaína. El Departamento de Justicia de Estados Unidos destacó la cooperación entre ambos países en esa investigación.
El desafío ahora será demostrar si la nueva estrategia consigue reducir efectivamente la producción, el transporte y las finanzas del narcotráfico, especialmente aquellas redes que conectan organizaciones colombianas con mercados internacionales. Para Washington, el resultado se medirá en términos de reducción del flujo de drogas hacia Estados Unidos; para Bogotá, además de combatir las estructuras criminales, está en juego la reconstrucción de una relación estratégica con su principal socio en materia de seguridad.




