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Tiempos violentos en el Valle del Cauca

Nuevos operativos militares frente a amenazas criminales en rutas de las disidencias. La preocupación por la seguridad persiste ante hechos violentos yextorsion

Por Luis Herney Lopez GiraldoRedacción EXTRA
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Tiempos violentos en el Valle del Cauca
Imagen de portada · Grupo Editorial Central

La inquietud crece en Palmira y El Cerrito por una serie de hechos que, para muchos habitantes, dibujan un panorama cada vez más complejo. Mientras en las zonas montañosas persisten denuncias sobre presencia de estructuras armadas ilegales y economías criminales, en los cascos urbanos continúan registrándose hechos de violencia, extorsiones y capturas que evidencian la presión que ejerce la delincuencia sobre distintos sectores del territorio. La sensación de inseguridad se alimenta de relatos que llegan desde las veredas, los corregimientos y también desde las calles de ambos municipios.

En la montaña, las miradas están puestas sobre las disidencias de las FARC y las estructuras que tendrían influencia en corredores estratégicos de la región. Habitantes y fuentes consultadas señalan que los caminos que conectan sectores rurales de Palmira y El Cerrito se han convertido en escenarios de intimidaciones, amenazas y actividades ilegales que van desde el tráfico de estupefacientes hasta el movimiento clandestino de armas. También persisten denuncias relacionadas con reclutamiento de menores, cobros extorsivos y presuntos secuestros exprés que, por miedo o desconfianza, muchas veces no llegan a ser denunciados formalmente ante las autoridades. En algunas comunidades, el silencio se ha convertido en una forma de supervivencia.


Las medidas

Frente a este panorama, el Ejército Nacional ha intensificado operaciones ofensivas y labores de control territorial en sectores considerados estratégicos. El general Samuel Salinas Valencia, comandante de la Tercera División del Ejército, ha insistido en la necesidad de mantener la presión militar sobre las estructuras armadas ilegales que buscan consolidar corredores para el desarrollo de actividades criminales. De manera paralela, la Fuerza Pública ha desplegado patrullajes, labores de inteligencia y acciones coordinadas con otras instituciones para contener la expansión de estos grupos. Sin embargo, la complejidad geográfica de la montaña y la capacidad de adaptación de las organizaciones ilegales continúan representando un desafío permanente.

Las preocupaciones no terminan en las zonas rurales. Fuentes humanas advierten sobre una posible relación entre actores armados y delincuentes urbanos. Bajo esta modalidad, estructuras dedicadas al microtráfico, la intimidación, la extorsión y los homicidios selectivos serían utilizadas para ejecutar acciones específicas en las ciudades, mientras los grupos que operan en áreas apartadas conservarían distancia de los hechos más visibles. Aunque estas hipótesis continúan siendo materia de investigación, los señalamientos han generado inquietud entre líderes sociales y habitantes.

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