¿QUÉ ES LO NECESARIO EN LA VIDA?
Con frecuencia cada uno de nosotros se hace la misma pregunta sobre aquello que considera es necesario en su vida.

Con
frecuencia cada uno de nosotros se hace la misma pregunta sobre aquello que
considera es necesario en su vida. Al mismo tiempo, podemos analizar si lo que
consideramos necesario es también algo importante. Porque de la respuesta que
demos a estos interrogantes, podemos encontrar cuáles son nuestros valores y
cuáles las prioridades. Hay personas que tienen como valores absolutos e
innegociables las cosas materiales, la comodidad y el confort. Otros, el poder
y el prestigio son sus prioridades y hacen lo que sea para ser tenidos en
cuenta y para ser reconocidos. Hay también otras personas que colocan dentro de
sus prioridades el servicio desinteresado, la entrega generosa, la solidaridad
hecha vida.
Leyendo
los textos de las lecturas de este domingo me encuentro con el profeta
Isaías quien dice “todos ustedes, los
que tienen sed, vengan por agua; y los que no tienen dinero, vengan, tomen
trigo y coman; tomen vino y leche sin pagar”. Más adelante, el apóstol Pablo,
en la segunda lectura, nos dice “¿qué cosa podrá apartarnos del amor con que
nos ama Cristo? ¿Las tribulaciones? ¿Las angustias? ¿La persecución? ¿El
hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada?” El mismo apóstol se responde
“ciertamente de todo esto salimos victoriosos, gracias a aquel que nos ha
amado”.
El
evangelio del domingo nos dice que cuando Jesús vio la muchedumbre que lo
seguía “se compadeció de ella y curó a los enfermos”. Luego narra el milagro de
la multiplicación de los panes. Puede uno pensar que Jesús se quedó en calmar
el hambre de aquella gente. Pero no, era tan solo el signo de lo que se debe
buscar en la vida, el alimento que fortalece desde lo más profundo. Es cierto
que había una necesidad de alimento físico en aquella multitud, pero era más
fuerte la necesidad y el hambre del alimento espiritual, de escuchar la palabra
de alguien que les mostraba un verdadero sentido de la vida, una razón para ser
mejores, para cambiar las actitudes que se podían quedar en el cumplimiento
externo de las normas, sin buscar ese sentido trascendente.
El
mundo en el cual vivimos nos muestra unos grandes desequilibrios sociales.
Mientras unos lo poseen todo y son pocos, la inmensa mayoría no tienen ni lo
necesario para vivir. En contraste, esas multitudes podrán pensar en algo más
allá de sus necesidades básicas, de lo que les permita sobrevivir. Ahí entran
en juego las actitudes profundas, las que nos permiten preguntarnos si el texto
de Isaías se convierte en un reclamo a nuestro sentido de solidaridad, a dar
respuesta a esas angustias, a abrir nuestro corazón a la necesidad del hermano,
a reconocer que lo recibido es don y tiene una función social, que no podemos
permanecer indiferentes, que estamos llamados a ”compadecernos de esa inmensa multitud que
sufre” y a buscar líneas de acción efectivas desde nuestro compromiso
cristiano.
Colombia
no es ajena a toda esta problemática. La realidad del desplazamiento forzado
por diversas razones y circunstancias, nos lleva a preguntarnos qué estamos
haciendo para encontrar caminos de solución a esa problemática. No somos ajenos
a la realidad de este drama, no podemos serlo, son hermanos nuestros. Sus
problemas son nuestros y su dolor es también el nuestro. Ahí tenemos la clave
para saber lo que es necesario en la vida.




