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¿Por qué la Cámara de Comercio es un caso de desgobierno?

Cuestiona la pérdida de legitimidad y credibilidad de la Cámara de Comercio de Pasto, señalando que habría dejado de representar los intereses de comerciantes.

Por Alina Constanza SilvaRedacción EXTRA
⏱ 7 min de lectura
¿Por qué la Cámara de Comercio es un caso de desgobierno?
Imagen de portada · Grupo Editorial Central

Existe en el ambiente del comercio la percepción de que en la Cámara de Comercio de Pasto ya no representa a los afiliados y comerciantes en general; menos aún, al municipio de Pasto. 

Con el seguimiento a la escasa información presentada por la institución, se puede afirmar que el presidente ejecutivo y su junta directiva no son representantes de los afiliados y comerciantes de su área de influencia. Por el contrario, se han convertido en representantes de una secta política que no tiene interés en el desarrollo, sino en fortalecer una empresa electoral a través de controlar el presupuesto de la entidad y su planta de personal. 
Los directivos actuales no defienden los intereses de sus afiliados, tampoco les importa el desarrollo regional. Es una entidad que perdió su camino porque sus recursos no son administrados de manera transparente; por el contrario, se oculta todo lo que se realiza y ya no existe independencia y compromiso con la sociedad. Entonces, el desgobierno existe y se evidencia en la pobre actuación como vocera de los comerciantes y de la región. Por su parte, pareciera que al presidente ejecutivo y los miembros de la junta solo los motiva su interés en hacer nombrar a sus familiares o amigos en la institución, así como hacer negocios de carácter personal a través de terceras partes. La motivación del presidente ejecutivo es mantenerse cobrando 18 millones mensuales de salario; además, viajar y viaticar para incrementar su presupuesto personal. 

La cámara de comercio ya no es la vocera de los intereses colectivos de los empresarios o de sus afiliados. Ahora el interés de la entidad es estar al servicio de un grupo político que tiene interés en el presupuesto y en la burocracia.

 Es decir, no hay interés en consultar al afiliado, tampoco existe una orientación al comercio en general y menos aún a la defensa de los intereses regionales. Ahora es común escuchar que en la Cámara de Comercio de Pasto los miembros de la junta sin reato alguno arriendan sus bodegas para que sirva de oficina con un alto canon, pero que mantiene incondicional al miembro de la junta con el presidente ejecutivo. Es decir, el conflicto de interés se convirtió en el modus operandi de la entidad. 
En sus publicaciones no se observa cómo es el proceso de selección de proveedores, o tampoco, se publican las razones de las decisiones tomadas. Los informes financieros no reflejan el deterioro de la imagen corporativa de la entidad por cuanto no hay rendición de cuentas que evidencie lo presupuestado con lo ejecutado y los resultados obtenidos.  

Lo que se observa externamente es la utilización ineficiente de los ingresos; por ejemplo, viajes internacionales (Japón) sin un plan especifico que sirva para impulsar el comercio binacional y más que todo territorial. 

Se contrata consultorías simplemente para pagar favores políticos del jefe que no conllevan un resultado concreto que beneficie al comercio o a sus afiliados. Al no existir independencia, sino dependencia de una facción conservadora de la politiquería regional es imposible que la institución sea la que lidere la transformación de la actividad comercial. 
Por su parte, los miembros de la junta directiva carecen de visión debido a que se evidencia que nunca han promovido la modernización del afiliado. Estos comerciantes elegidos por periodos de 4 años, se orientan a recomendar a sus familiares o amigos y partidarios políticos para que hagan parte de la burocracia que tiene postrada a la entidad. Todo esto sucede con el visto bueno del revisor fiscal un personaje manipulable sin criterio para convocar a la asamblea de afiliados o a la junta directiva para evaluar el desempeño y comportamiento de los ingresos o los gastos. Y este triste personaje se comporta de esa manera porque por más de 15 años ha permanecido en el cargo y se deleita en las mieles del poder cuando viaja a nivel nacional o internacional. 
Atrás quedó la sana tradición de elegir a sus directivas mediante concurso de mérito; ahora, por el contrario, se privilegia el tráfico de influencias.  Como será el desgobierno que existe, qué el actual presidente ejecutivo hace abierta campaña entre los comerciantes afiliados para mantenerse cuatro años más en el cargo sin que le importe para nada su progreso. Como será el deterioro de la ética en la dirección de la entidad, que hacer politiquería para mantenerse en el cargo se ha normalizado. 
La cámara de comercio no contribuye al desarrollo empresarial, ni promueve la formalización, la innovación y la competitividad regional; sus acciones solo generan beneficios para sus directivos y políticos de poca monta. Con integrantes de la junta directiva y su presidente buscando la reelección, no se puede esperar que haya una buena gobernanza, sino todo lo contrario: un desgobierno institucional que ha postrado ética y corporativamente la institución. 
La cámara se acostumbró a repetir actividades sin mostrar resultados concretos, solo obedece a los politiqueros que controlan la burocracia y el presupuesto. Atrás ha quedado la transparencia financiera y contractual. El revisor fiscal, en vez de ser el veedor de los intereses de los afiliados y comerciantes en general, ha pasado a ser un funcionario a quien le gustan los viáticos y los viajes internacionales a cambio de no hacer ninguna observación. Se observa que los gastos crecen, pero el servicio no se mejora. Algunos afiliados manifiestan que han llegado a pensar que los directivos confunden el patrimonio de la institución con su patrimonio o proyecto personal. Las conexiones y los viajes se presentan como logros sin demostrar sus beneficios. Si se comparan los gastos con los objetivos, los resultados evidencian despilfarro. Un viaje internacional de los miembros de la junta y del cuerpo directivo no genera resultados en acuerdos, proyectos o conocimientos aplicables que justifiquen que su costo fue proporcional a esos resultados. 

El presidente ejecutivo no solo debe ser evaluado, sino también la responsabilidad de la junta directiva porque es responsable de una gestión deficiente al omitir deliberadamente sus deberes de supervisión. 

Finalmente, la pregunta de fondo: ¿Quién se beneficia de la gestión de la cámara? Es decir, entender cómo se utiliza la posición como presidente ejecutivo o como miembro de la junta directiva para fortalecer la organización y servir a sus afiliados, o si la institución termina funcionando para preservar su poder. Por todo lo dicho anteriormente, se puede decir que la Cámara de Comercio de Pasto es dirigida por personas a las que no les gusta la transparencia, que dependen de la voluntad de un político y, por lo tanto, no es útil para los afiliados y comerciantes en general. Además, se evidencia en el deterioro de la reputación institucional. La adjudicación de contratos a familiares y amigos sin transparencia, utilizar los recursos corporativos para fines personales y contratar al personal por recomendación del político es lo que ha generado un desgobierno y la pérdida de credibilidad de una institución que en tiempos anteriores era el faro que alumbraba el derrotero del desarrollo regional.

 Al final, un llamado a los comerciantes que quisieran ver modernizada su actividad a no reelegir a los miembros actuales de la junta porque están en decadencia y son cómplices de los pobres resultados que se ven.

Fuente: Columna de opinión Alina Constanza Silva R.

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