Los niños ingresan a estas plataformas no solo para jugar

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Se indagó en la rutina diaria que tenían los niños, para analizar las prioridades que tienen en las prácticas cotidianas y su relación con los videojuegos, y cómo estos afectan su socialización.
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Partiendo del entendimiento de que los videojuegos se han ido incorporando con fuerza a la vida cotidiana de niños y adolescentes, investigadores de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, de Colombia, y de la Universidad Católica del Perú, decidimos estudiar a un grupo de 40 niños entre los 6 y los 14 años de edad de ambos países.

 

El propósito del estudio era analizar la relación y uso que ellos le dieron a esta esta actividad, de manera cotidiana, durante los periodos de aislamiento generados en la pandemia.

Nos acercamos virtualmente a los niños aplicando diferentes herramientas, como solicitar fotografías, collages y conversaciones sobre sus rutinas por chat. Les pedimos que nos mostraran su día a día, tomando como referencia ciertas horas y analizando las actividades que dejan a un lado para acceder más rápido a los videojuegos o aquellas que se veían afectadas con respecto a su consumo, como las horas de estudio, de dormir, de comer y de entretenimiento. También obtuvimos imágenes del espacio físico y virtual en el que desarrollan sus rutinas.

La comparación entre los dos países fue más allá de la similitud en la cifra de usuarios activos por mes de la plataforma Roblox, que según KidsCorp es de 136.000 en Perú frente 157.500 de Colombia.

 

Se indagó en la rutina diaria que tenían los niños, para analizar las prioridades que tienen en las prácticas cotidianas y su relación con los videojuegos, y cómo estos afectan su socialización.

 

Los principales hallazgos

Los videojuegos han sido capaces de cambiar la forma como se comunican las personas. Dentro de estos espacios está siendo esencial la creación de comunidades virtuales, en las que se produce el encuentro con los amigos o colegas, como lo señala en su tesis el estudiante Alejandro Martínez Ruiz, de la Universidad Católica de Perú.

Los niños ingresan a estas plataformas no solo para jugar sino para encontrarse con amigos o familiares, estableciendo una relación a través del juego. En este espacio virtual se permiten crear relaciones amistosas por medio de intereses y aficiones comunes.

En el caso de Perú y Colombia, cuando los niños se encuentran en el horario académico forman grupos de estudio al azar, creados por los profesores. En ese momento, entablan conversaciones en las que se habla de videojuegos. Basta con que la propuesta de jugar la formulen un par de niños para que después los demás se interesen en participar y pidan ser incluidos.

Entonces, se crean pequeños grupos de niños que se organizan para jugar un mismo juego a cierta hora del día. En primera instancia no se enfocan en otros intereses comunes; les interesa un mismo juego, con un mismo fin.

La estructura de los videojuegos establece la necesidad de un juego compartido, en el que la persona necesita de otros para pasar ciertos niveles, dificultades y obstáculos. De este modo se refuerzan la interacción social, la cooperación y el trabajo en equipo.

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