La tecnología empieza a cambiar el futuro de los jóvenes en Colombia
Estudiantes se están formando en tecnología, inteligencia artificial, programación, análisis de datos, un modelo de alianza público-privada

Cuando Juan Camilo Rivera comenzó a aprender
tecnología en la escuela normal superior del distrito de
Barranquilla, no imaginaba que esos
conocimientos podrían llevarlo mucho más lejos de las aulas. Juan Camilo Rivera hizo parte del programa Más Educación Más Innovación
de la Alcaldía de Barranquilla y encontró en el programa de empleabilidad de
Crack The Code una oportunidad para combinar formación, ingresos y experiencia
laboral. Actualmente cursa un técnico laboral con el respaldo de Olímpica,
empresa que lo patrocina durante su proceso de formación. Mientras estudia,
recibe un apoyo económico equivalente al 70% de un salario mínimo, lo que le
permite concentrarse en su aprendizaje y avanzar en su preparación para el
mundo laboral.
Al finalizar esta etapa de formación, Juan
Camilo pasará a la fase de prácticas con la empresa patrocinadora, donde
recibirá el 100% de un salario mínimo. Para él, la oportunidad representa mucho
más que un primer acercamiento al mundo laboral: significa poder estudiar,
generar ingresos y adquirir experiencia al mismo tiempo.
“Para mí esta oportunidad es muy valiosa, porque
me permite estudiar, generar ingresos y ganar experiencia al mismo tiempo.
Siento que a este tipo de oportunidades les falta que se conozcan más y quiero
contar mi experiencia para que más jóvenes se animen a postularse”, cuenta Juan
Camilo. Nada de esto hubiera sido posible sin el trabajo articulado entre
alcaldía, sector privado y el programa de
Crack de Code, que hoy se implementa en 171 colegios públicos del país.
Historias como esta son las que están detrás de
la apuesta de Crack The Code, una organización de educación tecnológica, que
desarrolla en Colombia un modelo innovador de alianza público-privada para
llevar formación tecnológica a estudiantes de colegios públicos y convertir la
inteligencia artificial, la programación y el análisis de datos en herramientas
para construir nuevas oportunidades.
“Este tipo de historias son las que le dan
sentido a todo el modelo. Un computador por sí solo no cambia la vida de un
joven. Lo que puede cambiarla es lo que ese joven aprende a hacer con la
tecnología y las oportunidades que logra conseguir a partir de ese
conocimiento”, afirma María Vélez, fundadora de Crack The Code.
A través de acuerdos de colaboración con
alcaldías y gobernaciones, el programa ya está presente en 13 departamentos, 59
municipios y 171 colegios, beneficiando a 36.524 estudiantes en Colombia.

La tecnología empieza a cambiar el futuro de los jóvenes en Colombia
La tecnología como puerta de entrada a la
movilidad social
“Durante años, cerrar la brecha digital
significó principalmente llevar computadores y conectividad a los colegios.
Hoy, frente al crecimiento acelerado de la inteligencia artificial y la
transformación del mercado laboral, el desafío es mucho mayor: lograr que los
jóvenes aprendan a utilizar la tecnología para crear, resolver problemas,
desarrollar proyectos y acceder a oportunidades de estudio, empleo o
emprendimiento”, insiste María Vélez.
La demanda de talento con conocimientos en
inteligencia artificial, datos y programación está creciendo en diferentes
sectores de la economía. Sin embargo, no todos los jóvenes tienen las mismas
posibilidades de acceder a estas herramientas y desarrollar esas competencias.
Es precisamente allí donde Crack The Code
identifica una oportunidad de movilidad social: llevar las habilidades que
están definiendo el futuro del trabajo a los estudiantes que históricamente han
tenido menos acceso a ellas.
“Estamos frente a una oportunidad enorme. La
inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta para nivelar la
cancha de oportunidades, pero tenemos que lograr que no sea exclusiva de
quienes pueden pagar una educación especializada. Queremos que un joven de un
colegio público también pueda aprender a crear con IA, analizar datos,
desarrollar una página web y, sobre todo, entender cómo esas habilidades pueden
ayudarle a construir su futuro”, explica Vélez.
La organización ha movilizado recursos privados
que han permitido donar 4.288 computadores de última generación para fortalecer
los espacios tecnológicos de colegios públicos. Pero la intervención comienza
mucho antes de entregar un computador. Crack The Code evalúa las condiciones de
cada institución para determinar qué necesita: computadores de escritorio o
portátiles, UPS, conectividad y otros elementos necesarios para que las salas
puedan convertirse en verdaderos espacios de aprendizaje.
“La pregunta no es cuántos computadores
entregamos. La pregunta es qué puede hacer un estudiante después de recibir ese
computador y tener la oportunidad de aprender. Ahí es donde realmente empieza
la transformación”, señala Vélez.
La formación está dirigida a estudiantes de 9.º,
10.º y 11.º y contempla 80 horas anuales obligatorias dentro del currículo
escolar. El programa busca preparar a los y las jóvenes para desenvolverse en
el mundo laboral, fortaleciendo las competencias digitales esenciales para
acceder a oportunidades de generación de ingresos, empleo, becas y formación.
El currículo integra conocimientos en
inteligencia artificial, programación y análisis de datos, junto con formación
en emprendimiento y preparación para el empleo, con el propósito de que los
estudiantes no solo aprendan a utilizar la tecnología, sino que puedan
convertir estas habilidades en oportunidades concretas para su futuro.
La tecnología empieza a cambiar el futuro de los jóvenes en Colombia
El cambio también empieza con los profesores
La transformación no se limita a los
estudiantes. Los docentes de cada colegio reciben 40 horas de formación al año,
con el objetivo de transferir capacidades y dejar una base instalada dentro de
las instituciones educativas. La meta es que, progresivamente, los profesores
puedan apropiarse del currículo, las herramientas digitales y las metodologías
hasta estar en capacidad de desarrollar las clases de manera autónoma.
Durante las sesiones participan un docente
presencial de la institución y un docente virtual especializado en tecnología,
mientras la plataforma permite hacer seguimiento a la asistencia, las tareas,
la interacción y el desempeño de cada estudiante.
El programa también incorpora Pixie, un
asistente docente basado en inteligencia artificial que acompaña a los
estudiantes en la resolución de problemas y los guía paso a paso sin entregar
directamente las respuestas.
De acuerdo con las mediciones de Crack The Code,
los estudiantes participantes registran 16,4% más en las calificaciones de
Matemáticas en las pruebas Saber 11
frente a estudiantes que no hacen parte del programa, un 6,3% más en la
transición hacia la educación superior, un 16,9% más de conocimiento en
tecnología y 50% más de claridad sobre dónde y cómo buscar trabajo. Además, estudiantes egresados del programa han
logrado acceder a oportunidades de práctica en empresas como Olimpia,
Serfinanza, Bancolombia y Davibank, entre otras empresas, demostrando cómo el
desarrollo de sus habilidades digitales puede abrirles nuevas oportunidades de
inserción laboral desde el colegio.
Barranquilla: una experiencia que crece
Uno de los ejemplos más importantes de esta
transformación está en Barranquilla, donde el programa comenzó en 2024 con
3.300 estudiantes en siete colegios. En 2025 llegó a 8.000 estudiantes en 21
instituciones y para 2026 alcanza 13.500 estudiantes en 51 colegios.
La experiencia muestra cómo esta alianza entre
el sector público, empresas privadas y organizaciones especializadas puede
pasar de una intervención puntual a convertirse en una estrategia de ciudad
para preparar a los jóvenes frente a los cambios del mercado laboral.
El modelo también se implementa actualmente en
territorios como Antioquia, Cali, Tolima, Medellín, Soacha y Leticia, entre
otros.
Esa es la apuesta de Crack The Code: que la
educación pública pueda convertirse también en un punto de partida para la
innovación, la productividad y la movilidad social, y que la inteligencia
artificial, los datos y la tecnología sean herramientas disponibles para todos
los jóvenes que quieran construir con ellas un futuro diferente.
“Si queremos hablar realmente de movilidad
social, tenemos que hablar de acceso a las habilidades que van a definir el
futuro. Nuestro desafío es que un joven, sin importar dónde nació o en qué
colegio estudió, pueda tener las herramientas para utilizar la tecnología,
abrirse oportunidades y decidir qué quiere hacer con su vida. Queremos que la
historia de Juan Camilo se
repita en todos los municipios y ciudades de Colombia”, concluye María
Vélez.
Fuente: independiente




