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LA POLICÌA NACIONAL EN ENTREDICHO

Más aún, ha pedido investigar una eventual conexión entre esos hechos y las denuncias que él mismo formuló sobre contratación y posibles favorecimientos.

Por Atis Bernal Rober AlbeiroRedacción EXTRA
⏱ 4 min de lectura
LA POLICÌA NACIONAL EN ENTREDICHO
Imagen de portada · Grupo Editorial Central

El caso de la muerte de Juan Felipe Rincón, ocurrida el 24 de noviembre de 2024 en el sur de Bogotá, acaba de entrar en un terreno todavía más inquietante. Lo que inicialmente fue presentado como un supuesto linchamiento relacionado con una presunta agresión sexual, hoy aparece rodeado de nuevos interrogantes a partir de las declaraciones entregadas por su padre, el exdirector nacional de la Policía, general William Rincón, ante la Fiscalía General de la Nación.

Y cuando aparecen nuevos elementos que podrían relacionar un crimen con denuncias sobre posibles irregularidades dentro de una institución tan importante como la Policía Nacional, el país tiene derecho a exigir que todas las preguntas sean contestadas.

El general Rincón ha planteado ante la Fiscalía la posibilidad de que la muerte de su hijo no haya sido simplemente el resultado de una riña o de un linchamiento espontáneo, sino que pudiera existir un crimen previamente estructurado. Más aún, ha pedido investigar una eventual conexión entre esos hechos y las denuncias que él mismo formuló sobre contratación y posibles favorecimientos dentro de la Policía.

En su declaración, según fue revelado en las últimas horas, Rincón mencionó al empresario Andrés Vanegas y sostuvo que existiría un supuesto monopolio o concentración de contratación a través de diferentes empresas y uniones temporales. También hizo referencia a la relación de Vanegas con William Salamanca, hijo del general en retiro William René Salamanca, quien dirigió la Policía entre 2023 y comienzos de 2025.

Son afirmaciones de una enorme gravedad. Pero precisamente por eso no pueden quedarse en el terreno de las versiones, las sospechas o las coincidencias.

Existen antecedentes periodísticos que ya habían puesto bajo escrutinio la relación de Vanegas con personas cercanas al entonces director de la Policía y algunos negocios y contratos relacionados con empresas vinculadas al empresario. También se han conocido declaraciones dentro del caso de alias ‘Papá Pitufo’ que lo mencionan como una persona que presuntamente tendría influencia dentro de la institución. Es precisamente ahí donde debe entrar la justicia.

No corresponde a los medios de comunicación, ni a la opinión pública, establecer culpabilidades. Corresponde a la Fiscalía investigar hasta las últimas consecuencias si hubo o no direccionamiento de contratos, tráfico de influencias, utilización indebida de relaciones personales, retaliaciones o cualquier otra conducta delictiva.

Y, sobre todo, corresponde establecer si existe alguna conexión real entre esas denuncias y el asesinato de Juan Felipe Rincón.

Porque de comprobarse que un ciudadano pudo haber sido asesinado como retaliación por las denuncias de su padre, estaríamos ante un hecho de una gravedad extraordinaria que comprometería no solamente la seguridad de una familia, sino la credibilidad misma de las instituciones encargadas de garantizar la seguridad de todos los colombianos.

La Policía Nacional no puede permitir que sobre ella permanezca la sombra de sospechas de esta naturaleza. Una institución que tiene como misión proteger la vida, honra y bienes de los ciudadanos debe ser la primera interesada en que todo se esclarezca.

Colombia necesita saber qué ocurrió realmente con Juan Felipe Rincón. Necesita conocer quiénes participaron en los hechos, qué motivaciones existieron y si hubo o no una organización previa detrás de su muerte. Y necesita saber, además, si las denuncias sobre contratación tienen fundamento.

La justicia tiene ahora una enorme responsabilidad. No puede dejar cabos sueltos ni permitir que un caso tan delicado termine sepultado entre expedientes, versiones contradictorias y silencios institucionales.

La verdad, toda la verdad y nada más que la verdad es lo que reclama la familia Rincón y lo que reclama el país. Porque cuando las dudas alcanzan a una institución como la Policía Nacional, aclararlas no es solamente una obligación judicial. Es una necesidad para recuperar la confianza de los ciudadanos.