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Ícaro: hay amores que el tiempo no consigue despedir

Diez años después, una historia de amor sigue viva entre los recuerdos, las heridas y la esperanza de un nuevo comienzo.

Por Lorena Elizabeth Rodríguez OrdoñezRedacción EXTRA
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Ícaro: hay amores que el tiempo no consigue despedir
Imagen de portada · Grupo Editorial Central
Icaro: hay amores que el tiempo no consigue despedir

Diez años después, una historia de amor sigue viva entre los recuerdos, las heridas y la esperanza de un nuevo comienzo.

Diez años pueden cambiar una vida, transformar a dos personas y llevarlas por caminos distintos. Pero hay historias que se resisten a quedarse en el pasado. La de Ícaro y ella es una de esas: un amor que ha conocido la felicidad, las heridas, las despedidas y esa extraña esperanza que, a pesar de todo, se niega a desaparecer.

No fueron un encuentro pasajero ni una aventura de esas que se olvidan con facilidad. Hubo una historia, una vida compartida, hijos, planes y momentos en los que imaginar un futuro juntos parecía lo más natural del mundo.

Cuando el amor deja heridas

Pero no todos los amores sobreviven intactos a lo que sucede dentro de ellos.

Llegó un momento en que algo cambió. Ella descubrió que el hombre en quien había depositado su confianza también había tenido espacio para otra historia. Y no fue solamente lo ocurrido lo que dolió; fue tener que mirar de otra manera a alguien a quien había amado sin tantas reservas.

Desde entonces, volver a creer se convirtió en una tarea difícil.

Ícaro, sin embargo, nunca dejó de tener un lugar en su memoria. Hay personas que no necesitan estar presentes todos los días para seguir habitando una parte de nosotros. Basta una canción, una fecha, una palabra o un recuerdo para que regresen, con todo lo que fueron y con todo lo que pudieron haber sido.

Ella también cambió. La vida no la esperó. Aprendió a continuar, a tomar decisiones y a entender que el amor no puede ser una excusa para dejarse a un lado. Ya no es la misma mujer que comenzó aquella historia, y sabe que, por mucho que un sentimiento permanezca, no puede volver a entregar su confianza como si nada hubiera ocurrido.

La esperanza de un amor diferente

Y ahí aparece su contradicción más íntima: una parte de ella quisiera que Ícaro hubiera aprendido a cuidar aquello que un día tuvieron; otra sabe que no puede regresar a un lugar donde la confianza todavía tiene preguntas sin respuesta.

Quizás él también conserve recuerdos. Quizás todavía haya sentimientos que ninguno de los dos sepa nombrar. Pero después de tantos años, las palabras ya no serían suficientes. Si alguna vez existiera una nueva oportunidad, tendría que comenzar de otra manera: sin secretos, sin promesas a medias y sin pedirle a ella que olvide lo que le costó tanto superar.

Porque no siempre dejamos de amar a alguien cuando decidimos alejarnos. A veces nos alejamos precisamente porque entendemos que amar también significa cuidarnos.

Ícaro fue parte de su vida, de sus años y de una versión de ella que ya no existe. Tal vez por eso su recuerdo sigue teniendo tanta fuerza. No porque el destino tenga una deuda pendiente, sino porque hay historias que dejan huellas incluso cuando no consiguen llegar al final que soñamos.

Y si algún día vuelven a encontrarse, la pregunta ya no será cuánto se aman, sino si esta vez sabrán hacerlo sin perderse a sí mismos.

Fuente: Relato de ficción

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