Edición Colombia
-- °CClima
USD --TRM

Inicio/Columnas de Opinión

EL DOBLE RASERO DEL PERIODISMO DIGITAL

Se ha conocido la intención de un, “reconocido empresario” de Pasto, de ofrecer dinero para tumbar una página de Facebook dedicada a publicar denuncias

Por Ana Lucia TumalRedacción EXTRA
⏱ 4 min de lectura
EL DOBLE RASERO DEL PERIODISMO DIGITAL
Imagen de portada · Grupo Editorial Central

En los últimos días se ha conocido la intención de un, “reconocido empresario” de Pasto, de ofrecer dinero para tumbar una página de Facebook dedicada a publicar denuncias y situaciones de interés ciudadano. Más allá de las razones que puedan existir detrás de esa intención, preocupa la manera en que ciertos medios digitales deciden asumir, amplificar o silenciar determinados hechos, dependiendo de quién esté involucrado y de los intereses que se encuentren en juego.

 

Resulta aún más llamativo que la propuesta haya sido difundida precisamente por un medio que se ha caracterizado por el populismo, el amarillismo y la búsqueda constante de reacciones, muchas veces por encima de la responsabilidad que debería acompañar el ejercicio de informar. El mismo medio que hoy presenta como noticia la intención de silenciar una página de denuncias ha permitido espacios en los que la rigurosidad periodística parece quedar relegada frente a la conveniencia de quienes tienen el poder, los recursos o la capacidad de generar audiencia.

 

Son esas entrevistas que, en el lenguaje popular, muchos conocen como “entrevistas pagadas”: conversaciones sin preguntas incómodas, sin contrastes y sin un propósito real de informar. Espacios diseñados, en ocasiones, para lavar la imagen de determinados personajes y presentar una versión cuidadosamente construida de la realidad. Allí no se busca profundizar ni cuestionar; se busca agradar. Lo preocupante es que, cuando algunas personas expresan su desacuerdo frente a la manera en que se desarrollan estos espacios, reciben insultos, descalificaciones y términos soeces por parte de quienes administran esas plataformas. Y nadie dice nada. Nadie cuestiona. Nadie exige respeto.

 

Parece que, cuando ciertos ídolos de barro alcanzan popularidad y poder en las redes sociales, se vuelven intocables. Entonces aparece el doble rasero: se exige libertad de expresión cuando conviene, pero se intenta silenciar a quienes incomodan; se habla de respeto a la comunidad, mientras se agrede a quienes opinan diferente; se denuncia la falta de ética de otros, pero se normalizan prácticas que distan mucho de un ejercicio responsable de la comunicación.

 

El periodismo no puede convertirse en una vitrina para el mejor postor. Informar no significa vender espacios, acomodar discursos ni utilizar micrófonos y redes sociales para atacar, humillar o favorecer intereses particulares. El verdadero periodismo exige preparación, responsabilidad, contraste de fuentes y, sobre todo, ética. Por eso surge una pregunta inevitable: ¿qué sentirán los docentes y las personas que participaron en la formación de quienes hoy se presentan como periodistas, cuando observan que la profesión se reduce al espectáculo, al insulto o a la dadiva?

 

Así como existen mecanismos que respaldan la idoneidad profesional de abogados, contadores, administradores y otros sectores, es necesario abrir una discusión seria sobre la responsabilidad y la preparación de quienes ejercen labores periodísticas y comunicativas. No para limitar la libertad de expresión, sino para dignificar una profesión que no puede quedar en manos de quienes convierten los micrófonos en bocinas personales y las redes sociales en escenarios de confrontación que se mueve al son de los regalos y de los viajes a Europa.

 

La ciudadanía merece comunicadores éticos, preparados y respetuosos. Merece medios que informen, investiguen y cuestionen sin arrodillarse ante el poder ni vender su criterio al mejor postor. Porque cuando la información pierde su independencia, el periodismo deja de servir a la comunidad y comienza a servir a intereses particulares. Y eso, aunque algunos prefieran callarlo, también debe denunciarse… El que tiene oído, que oiga.

Más Noticias en EXTRA

Ver todo Columnas de Opinión →