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EL DERECHO INTERNACIONAL COLAPSADO -II-.

Bajo la situación que describí del Derecho Internacional, éste se encuentra colapsado.

Por Ana Lucia TumalRedacción EXTRA
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EL DERECHO INTERNACIONAL COLAPSADO -II-.
Imagen de portada · Grupo Editorial Central

En la columna anterior concluí que bajo la situación que describí del Derecho Internacional, éste se encuentra colapsado.

El nuevo canciller, Omar Bula Escobar, habla, y está bien, de desacralizar la ONU. Agrega que su neutralidad se ha visto muy afectada, lo cual también es cierto, pero de ahí a que Colombia siquiera considere la posibilidad de su retiro de ella, habría mucho trecho y sus consecuencias, solo hipotéticas, serían enormes, entre ellas, implicaría un proceso complejo de denuncia de tratados, además de profundos costos diplomáticos, políticos y de cooperación para el país. Y lo propio en el evento, también, ni siquiera pensable para Colombia de retirarse de la OEA.

La Carta de Naciones Unidas no contiene disposición que regule, permita o prohíba el retiro voluntario de un Estado miembro. Sus creadores decidieron deliberadamente omitir esta posibilidad para enfatizar sobre el compromiso permanente de sus miembros con la paz mundial.

En cambio, la Carta de la OEA  prevé  que  ella rige indefinidamente, pero que puede ser denunciada por cualquiera de los Estados miembros y que transcurridos dos años, a partir de la fecha en que  reciba una notificación de denuncia, ella cesará en sus efectos respecto del Estado denunciante, y éste queda desligado de la organización después de haber cumplido con las obligaciones emanadas de ella.

Retirar a Colombia significaría perder el asiento y la voz en estos foros  de toma de decisiones sobre seguridad, migración, medio ambiente y economía, lo cual afectaría la confianza inversionista, la estabilidad institucional y diversos convenios bilaterales y multilaterales atados al derecho internacional.

Pero lo más grave, entre todo lo grave, es que  las víctimas perderían una instancia internacional de protección y supervisión en materia de derechos humanos, si el orden interno falla, como en Colombia falla de manera corriente y cotidiana.

Además, se suspenderían cooperaciones técnicas, fondos de asistencia para el posconflicto, atención a poblaciones vulnerables y proyectos regionales de desarrollo que operan en los territorios.

Pero, por supuesto, que la OEA y la ONU,  requieren con urgencia  reformas y exigencias de mayor eficacia.

Es así como, por ejemplo, la internacionalista María José Luna Cuenca, afirma que  existe una distancia enorme entre pedir que funcionen mejor y decidir abandonar los espacios donde se construyen acuerdos, se movilizan recursos y se concretan asuntos nacionales, regionales y globales. Salir de la ONU y de la OEA no le quitaría mayor burocracia al país, pero si uno de los mecanismos de cooperación y concertación más importantes que tenemos.

La discusión que trae la nueva agenda de política exterior, además de ser la ONU y la OEA lentas y, con muchos vacíos, debe centrarse en si Colombia se beneficia más manteniendo una relación estrecha en los espacios donde se conciertan alianzas, se movilizan recursos de cooperación y se deciden asuntos que afectan sus intereses en el hemisferio.

En este sentido, como en otros, el presidente Trump, le ha hecho mucho daño a los derechos humanos, con sus  críticas y  mofas a Naciones Unidas, convertidas en uno de sus ejes de política exterior y, ha sacado a Estados Unidos de numerosos organismos del sistema de la ONU, inspirado  en un modelo populista conservador.

Que Colombia no vaya a seguir su ejemplo.