Drama familiar en Arauca: padre de oficial retenida por el ELN exige respeto por su vida
El coronel en retiro Bernardo Pantoja pidió la liberación de su hija, la subteniente María Camila, plagiada por el ELN en el municipio de Saravena.

El clamor de un padre ante el plagio de su hija
El coronel en retiro del Ejército Nacional, Bernardo Pantoja, rompió el silencio tras el rapto de su hija, la subteniente María Camila Pantoja Hernández, quien permanece privada de la libertad por el Ejército de Liberación Nacional (ELN). En declaraciones concedidas a la cadena radial Blu Radio, el oficial retirado manifestó el profundo dolor que atraviesa su núcleo familiar, describiendo a la joven de 25 años como una profesional que apenas iniciaba su proyecto de vida y confirmando que la militar no había reportado ningún tipo de intimidación previa en su contra.
El hecho delictivo, cuya autoría intelectual y material fue admitida públicamente por el grupo insurgente, se perpetró en el municipio de Saravena, perteneciente al departamento de Arauca. El progenitor se abstuvo de evaluar las hipótesis delictivas que manejan las agencias de inteligencia del Estado con el fin de no entorpecer los operativos de rescate o las misiones humanitarias en curso, concentrando su pronunciamiento exclusivamente en exigir a los captores la preservación de la integridad física y el retorno inmediato de la subteniente.
El secuestro como arma política y la infracción al DIH
Este lamentable acontecimiento argumenta de manera contundente la persistencia del secuestro como una táctica de presión política y de degradación del conflicto armado en Colombia por parte del ELN. A pesar de los recurrentes llamados de la comunidad internacional y de las mesas de diálogo que se han adelantado en distintas épocas, la captura de miembros de la Fuerza Pública en estado de indefensión o fuera de actos directos de combate sigue siendo utilizada por este grupo armado para demostrar control territorial y condicionar las acciones del Gobierno Nacional.
Desde el análisis del Derecho Internacional Humanitario (DIH), la retención de la subteniente Pantoja Hernández tipifica una infracción grave contra los derechos fundamentales. Mantener en cautiverio a una joven oficial incomunicada no solo prolonga un calvario sicológico para sus seres queridos —violando el principio de humanidad—, sino que pone en evidencia la fragilidad de las promesas de paz de la guerrilla. Mientras el ELN continúe recurriendo al amedrentamiento familiar y al secuestro de servidores públicos como moneda de cambio, la legitimidad de sus intenciones políticas seguirá totalmente cuestionada ante el país, demostrando que la presión institucional y el acompañamiento humanitario de organismos como la Defensoría del Pueblo son las únicas vías viables para garantizar el regreso sano y salvo de los uniformados.




