Deforestación asfixia a la Amazonía
La Amazonía colombiana enfrenta hoy el riesgo inminente de alcanzar un punto de no retorno, producto de la deforestación acelerada,

Por: Juan Miguel Narváez Eraso.
La Amazonía
colombiana enfrenta hoy el riesgo inminente de alcanzar un punto de no retorno,
producto de la deforestación acelerada, la expansión de economías ilegales y la
débil gobernanza estatal.
En este
escenario, el analista Político y líder social Alfonso Insuasty indica que el departamento
de Putumayo, puerta de entrada a la Amazonía y uno de los territorios más
biodiversos del país, conserva aún el 67,5 % de su superficie cubierta por
bosques, lagunas y ríos, alberga un 22 % de población étnica, integrada por 14
comunidades indígenas, campesinas y afrodescendientes.
Sin embargo, subraya
que toda esta riqueza natural y cultural convive con profundas problemáticas,
altos niveles de pobreza, baja cobertura eléctrica, presencia de grupos
armados, economía extractiva a gran escala, minería ilegal y cultivos ilícitos.
A ello asegura
que se suma su condición de principal centro de explotación de hidrocarburos en
la Amazonía colombiana, lo que intensifica la tensión entre conservación
ambiental y dinámicas extractivas. En Putumayo y Caquetá, por ejemplo, varios
bloques petroleros para exploración, producción y evaluación técnica se
superponen con los territorios de 59 comunidades indígenas.
Ubicado en el
suroccidente de Colombia y fronterizo con Ecuador y Perú, el Putumayo
constituye también un corredor geoestratégico de gran valor. No obstante, pese
a su importancia ambiental, cultural y territorial, ha sido históricamente
marginado por el Estado.
La precariedad
de los servicios públicos, la debilidad de la infraestructura vial y sanitaria
y los bajos indicadores de desarrollo humano contrastan con el creciente
interés que despierta en sectores extractivos nacionales e internacionales.
En las últimas
décadas, el Putumayo ha sido epicentro de la profundización de un modelo de
acumulación basado en la explotación intensiva de recursos naturales. La
extracción petrolera se ha consolidado como uno de los sectores más
significativos, con la operación de compañías como Amerisur (subsidiaria de
GeoPark), Gran Tierra Energy y Emerald Energy. Estas empresas han sido
cuestionadas por comunidades locales debido a los impactos ambientales, la
conflictividad social y la militarización del territorio.
La Amazonía
colombiana concentra dos cuencas sedimentarias principales, Vaupés–Amazonas y
Caguán–Putumayo. La primera, ubicada en el sur del país, comprende 15,5
millones de hectáreas con potencial petrolero y gasífero. La segunda, más productiva, se extiende por 11
millones de hectáreas y registra descubrimientos de 365 millones de barriles de
petróleo, 30 campos petroleros y 305 giga pies cúbicos estándar de gas.
Actualmente,
diez empresas operan en el piedemonte amazónico bajo 71 contratos petroleros:
55,9 % en Putumayo y 23,5 % en Caquetá, principalmente en las cuencas de los
ríos Putumayo, Caquetá, San Miguel, Cencella y Mecaya. En el Putumayo, la
expansión extractiva es evidente: existen 17 áreas disponibles, 27 proyectos en
fase de exploración (30 millones de hectáreas en total) y 10 bloques en
explotación. Solo en 2021, este departamento registró la sexta mayor producción
acumulada de hidrocarburos en Colombia, con 7,65 millones de barriles de
petróleo (Asociación Ambiente y Sociedad, 2022).




