Colombia abre un nuevo capítulo político con el inicio de la Era del Tigre
el país espera que el nuevo mandatario convierta su narrativa de cambio en una administración capaz de unir, ejecutar y responder

Colombia abre un
nuevo capítulo político con el inicio de la Era del Tigre, el periodo de
gobierno de Abelardo de la Espriella entre 2026 y 2030. Después de una
contienda marcada por mensajes de autoridad, renovación y ruptura con las
prácticas tradicionales, el país espera que el nuevo mandatario convierta su
narrativa de cambio en una administración capaz de unir, ejecutar y responder a
las urgencias de los colombianos.
Los cuatro ejes
que orientan este nuevo gobierno se presentan como la columna vertebral de su
promesa política: la lucha frontal contra la corrupción, la recuperación de la
seguridad y el orden público, la reactivación de un Estado más eficiente y
cercano a la ciudadanía, y la reorganización institucional para que la
administración pública responda con agilidad a los problemas reales del pueblo.
Sin embargo, el
mayor desafío de Abelardo de la Espriella será comprender que, desde el 7 de
agosto, deja de ser el candidato de un sector para convertirse en el presidente
de todos. Tendrá que gobernar para quienes lo respaldaron en las urnas, pero
también para quienes dudaron, se opusieron o no se sintieron representados por
su proyecto.
Desde Nariño, esa
exigencia adquiere un tono particular. Preocupa que los nariñenses hayamos
quedado, como se dice en el argot popular, “como las plumillas”: sin
representación alguna en el gabinete ministerial. Una vez más, los de siempre
fueron nombrados y los de nunca quedaron por fuera.
La Era del Tigre
tendrá sentido si no se limita a rugir desde Barranquilla, Bogotá, Cali o
Bucaramanga. El tigre tiene que gobernar para todos, mirar hacia el sur y
entender que Nariño no puede seguir siendo tratado como un territorio de
segunda categoría. Abelardo no puede dejar a Nariño por fuera de las decisiones
nacionales ni permitir que los nariñenses continuemos, otra vez, como las
plumillas: al margen de los círculos de poder, sin voz en el gabinete y sin
presencia real en la conducción del Estado.




