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Cinco claves para entender cómo aprenden las personas ciegas a desplazarse

La orientación y movilidad son fundamentales para que las personas ciegas puedan desplazarse con mayor seguridad e independencia.

Por Adriana Carolina Delgado ChavesRedacción EXTRA
⏱ 8 min de lectura
Cinco claves para entender cómo aprenden las personas ciegas a desplazarse
Imagen de portada · Grupo Editorial Central

Aprender a desplazarse de manera autónoma es uno de los procesos más importantes para las personas ciegas o con discapacidad visual. Aunque muchas veces se piensa que la visión es indispensable para caminar por una ciudad, cruzar una calle o utilizar el transporte público, existen técnicas y estrategias que permiten reconocer el entorno y tomar decisiones durante los desplazamientos.

Este aprendizaje se conoce como orientación y movilidad, un conjunto de habilidades que ayuda a las personas con discapacidad visual a identificar dónde están, establecer hacia dónde quieren ir y desplazarse de un lugar a otro utilizando la información disponible a través de los sentidos y de herramientas de apoyo.

El proceso puede incluir entrenamiento con profesionales especializados, reconocimiento de referencias ambientales, uso del bastón blanco, percepción de sonidos y aprendizaje de rutas. Su objetivo no consiste únicamente en llegar a un destino, sino también en fortalecer la autonomía, la confianza y la participación en la vida cotidiana.

A continuación, cinco claves para entender cómo aprenden las personas ciegas a desplazarse.

1. La orientación y movilidad se aprenden mediante entrenamiento especializado

La autonomía en los desplazamientos no depende exclusivamente de la capacidad de una persona para escuchar o memorizar caminos. También requiere aprender técnicas específicas para interpretar el entorno, anticipar obstáculos y tomar decisiones seguras.

Los programas de orientación y movilidad pueden incluir ejercicios para reconocer la posición del cuerpo, comprender direcciones, identificar puntos de referencia y desplazarse por diferentes espacios.

El entrenamiento se adapta a las necesidades, la edad, la experiencia y las características de cada persona. Por ejemplo, no es igual aprender a desplazarse dentro de una vivienda que recorrer una avenida concurrida, utilizar una estación de transporte público o caminar por un barrio desconocido.

Con la práctica, estas habilidades pueden facilitar desplazamientos más independientes y una mayor confianza al enfrentarse a situaciones nuevas.

2. El bastón blanco es una herramienta fundamental para detectar obstáculos

El bastón blanco es uno de los instrumentos más reconocidos para la movilidad de las personas ciegas. Su función va más allá de servir como elemento de identificación: también permite obtener información táctil sobre el espacio que se encuentra delante de la persona.

Mediante técnicas de barrido y contacto con el suelo, el usuario puede detectar determinados obstáculos, cambios en la superficie, desniveles y otros elementos que podrían representar dificultades durante el recorrido.

Su utilización requiere aprendizaje. Los profesionales de orientación y movilidad enseñan cómo sostenerlo, moverlo de manera adecuada y coordinar sus movimientos con los pasos para explorar el espacio con mayor eficacia.

El bastón, sin embargo, no detecta todos los riesgos ni reemplaza la necesidad de prestar atención al entorno. Por eso, se combina con otras habilidades, como la escucha activa, el reconocimiento de referencias y la planificación de las rutas.

3. La audición y el tacto ayudan a interpretar el entorno

Las personas ciegas pueden utilizar diferentes fuentes de información sensorial para comprender lo que ocurre a su alrededor. Entre ellas se encuentran la audición y el tacto, que cumplen funciones importantes durante los desplazamientos.

Los sonidos del tráfico, las conversaciones, las señales acústicas y el movimiento de las personas pueden aportar información sobre la ubicación de determinados elementos y las características del espacio.

Por ejemplo, escuchar el flujo de vehículos puede ayudar a interpretar una intersección, mientras que las señales sonoras de algunos semáforos pueden aportar información para decidir cuándo cruzar, siempre que se complementen con las demás medidas de seguridad necesarias.

El tacto también permite reconocer superficies, texturas y referencias físicas. A su vez, la percepción de las corrientes de aire, los cambios en el suelo y otros indicios ambientales puede contribuir a comprender el entorno.

Es importante aclarar que las personas ciegas no desarrollan automáticamente una audición extraordinaria. La habilidad para utilizar los sonidos como referencia se fortalece mediante la atención, la experiencia y el aprendizaje.

4. La memoria espacial permite reconocer rutas y puntos de referencia

Otro componente importante de la movilidad autónoma es la capacidad de construir una representación mental del espacio.

Durante el aprendizaje, una persona puede identificar referencias como una esquina, una escalera, una entrada, un cambio en el pavimento o un sonido característico. Estos elementos ayudan a establecer relaciones entre diferentes lugares y a recordar cómo llegar a un destino.

La memoria espacial también permite comprender indicaciones como avanzar varias cuadras, girar a la derecha después de una intersección o reconocer que se ha llegado a una estación determinada.

No se trata simplemente de memorizar una secuencia fija de pasos. Una buena formación en orientación y movilidad también busca que la persona aprenda a resolver situaciones imprevistas, identificar cuándo se ha desviado de la ruta y solicitar información cuando sea necesario.

De esta manera, el conocimiento del entorno se convierte en una herramienta para tomar decisiones y adaptarse a distintos recorridos.

5. La accesibilidad de las ciudades es esencial para una movilidad segura

La autonomía de las personas ciegas no depende únicamente de sus habilidades individuales. Las condiciones del entorno también influyen de manera directa en la posibilidad de desplazarse de forma segura.

Las aceras despejadas, los cruces peatonales accesibles, los semáforos con señales acústicas, las superficies podotáctiles bien instaladas y el transporte público accesible pueden facilitar los recorridos cotidianos.

Por el contrario, los vehículos estacionados sobre los andenes, las obras sin señalización, los obstáculos inesperados y la falta de información accesible pueden aumentar las dificultades y los riesgos.

Por esta razón, la movilidad inclusiva requiere tanto formación individual como compromiso de las autoridades, los diseñadores urbanos, las empresas de transporte y la ciudadanía.

Respetar las zonas peatonales, no bloquear los recorridos accesibles y ofrecer ayuda de manera respetuosa cuando sea necesaria son acciones que contribuyen a construir ciudades más incluyentes.

¿Cómo se puede ayudar a una persona ciega durante un desplazamiento?

La asistencia debe partir del respeto por la autonomía y las decisiones de cada persona. Si alguien parece necesitar ayuda, lo adecuado es preguntar primero si desea recibirla, en lugar de tomarla del brazo o intentar dirigir sus movimientos sin autorización.

Cuando la persona acepta acompañamiento, puede indicar cómo prefiere recibirlo. En muchas situaciones, se recomienda ofrecer el brazo para que pueda sujetarse por encima del codo y caminar ligeramente detrás, siguiendo las indicaciones de la persona y las técnicas que haya aprendido.

También es importante describir los obstáculos y los cambios del entorno con instrucciones claras. Expresiones concretas como «hay un escalón hacia abajo» o «la entrada está a tu derecha» suelen ser más útiles que indicaciones imprecisas como «por ahí» o «cuidado».

La regla principal es sencilla: preguntar, escuchar y respetar la forma en que cada persona desea desplazarse.

La autonomía va más allá de aprender a caminar

Aprender a desplazarse de manera independiente puede tener efectos positivos en diferentes aspectos de la vida cotidiana. Facilita el acceso a la educación, el empleo, las actividades recreativas, los servicios públicos y los espacios comunitarios.

Además, el desarrollo de habilidades de orientación y movilidad puede contribuir a fortalecer la confianza para explorar nuevos lugares y tomar decisiones con mayor independencia.

No obstante, cada experiencia es diferente. Algunas personas utilizan el bastón blanco, otras combinan distintas ayudas técnicas y algunas también emplean perros guía, dispositivos electrónicos o aplicaciones de navegación accesible.

La elección de las herramientas y las técnicas depende de las necesidades, las preferencias y la formación de cada individuo.

Conclusión: aprender a desplazarse es un proceso de autonomía e inclusión

Comprender cómo aprenden las personas ciegas a desplazarse permite reconocer que la movilidad autónoma es el resultado de la práctica, el entrenamiento y la interacción con el entorno.

El uso del bastón blanco, la interpretación de sonidos, la memoria espacial, la orientación y el reconocimiento de referencias son habilidades que pueden desarrollarse para facilitar los desplazamientos cotidianos.

Sin embargo, la autonomía también necesita espacios accesibles y una sociedad dispuesta a eliminar barreras físicas y actitudinales. La inclusión no consiste únicamente en enseñar a una persona a adaptarse a la ciudad, sino también en garantizar que la ciudad pueda ser utilizada por todas las personas.

Promover la orientación y movilidad, mejorar la accesibilidad urbana y respetar las decisiones individuales son pasos fundamentales para que las personas ciegas puedan desplazarse con mayor independencia, seguridad y libertad.


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