Boyacá se viste de naranja: el cultivo de ahuyamas que da vida a la tradición de Halloween
En Boyacá, los campesinos cultivan ahuyamas que pueden pesar hasta 60 kilos, ideales para la cocina y la decoración durante Halloween.

La llegada de octubre transforma el paisaje de una localidad de Boyacá, donde los cultivos de ahuyama se convierten en protagonistas de una tradición asociada con Halloween. Estos frutos, conocidos por su tamaño y su característico color naranja, no solo tienen un uso gastronómico, sino que también se utilizan para decorar viviendas, elaborar figuras y crear ambientes alusivos a esta celebración.
Aunque las calabazas gigantes suelen relacionarse con las películas y las costumbres de Estados Unidos, su cultivo también tiene presencia en Colombia. En el campo boyacense, los agricultores dedican varios meses al cuidado de estas plantas hasta obtener frutos que, en algunos casos, pueden alcanzar los 60 kilogramos.
Detrás de cada cosecha hay un trabajo que comienza con la preparación de la tierra, continúa con el cuidado de los cultivos y termina con la recolección de los frutos. Este proceso requiere dedicación y conocimiento agrícola, pues el crecimiento de las ahuyamas depende de las condiciones del terreno, el clima y el manejo que reciben durante su desarrollo.
Además de su valor decorativo, la ahuyama es un alimento utilizado en la preparación de sopas, cremas, purés y otras recetas tradicionales. Esta doble utilidad permite que el producto tenga importancia tanto en la cocina como en las actividades comerciales relacionadas con la temporada de Halloween.
El cultivo también representa una oportunidad para destacar el trabajo de los campesinos y la diversidad agrícola de Boyacá. La demanda de estos frutos durante octubre puede despertar el interés de compradores que buscan productos para decorar sus hogares, establecimientos comerciales o celebraciones temáticas.
De esta manera, la cosecha de ahuyamas demuestra que las tradiciones internacionales pueden encontrar expresiones propias en las regiones colombianas. Más allá de su apariencia llamativa, estas calabazas reflejan el esfuerzo de las familias agricultoras y el potencial del campo para ofrecer productos que combinan alimentación, cultura y creatividad.
Así, el color naranja de los cultivos boyacenses se convierte en una imagen representativa de la temporada, recordando que detrás de las decoraciones de Halloween también existe una historia de trabajo rural y producción agrícola.




