Antártida en alerta: el hielo marino cae a niveles históricamente bajos
La Antártida registró en 2026 una de las menores extensiones máximas de hielo marino desde 1978, según datos analizados por la NASA

La extensión del hielo marino que rodea la Antártida volvió a llamar la atención de la comunidad científica. En septiembre de 2026, la superficie congelada alcanzó aproximadamente 17,59 millones de kilómetros cuadrados, una de las cifras más bajas registradas desde el inicio de las observaciones satelitales en 1978.
De acuerdo con los datos divulgados por la NASA y el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo de Estados Unidos (NSIDC), el hielo marino antártico llegó a su máxima extensión anual el 14 de septiembre. El registro se ubicó como el tercer máximo más bajo de la serie histórica, lo que evidencia los cambios que experimenta la cobertura de hielo alrededor del continente austral.
Un cambio en el comportamiento del hielo antártico
Durante varias décadas, la extensión del hielo marino antártico presentó variaciones importantes de un año a otro. Entre 1979 y 2014, los registros mostraron una tendencia promedio al aumento cercana al 1 % por década, aunque esta evolución no fue constante.
Entre 2012 y 2014 se alcanzaron máximos históricos consecutivos. Sin embargo, la tendencia cambió a partir de 2015 y, desde 2016, comenzaron a observarse reducciones significativas en la superficie congelada, con algunas recuperaciones parciales en años posteriores.
El mínimo histórico de la extensión del hielo marino, tanto para el máximo invernal como para el mínimo de verano, se registró en 2023. Los científicos continúan analizando los datos para determinar si las reducciones recientes representan una transformación de largo plazo o responden, en parte, a la variabilidad natural del clima.
¿Por qué el hielo cambia durante el año?
La extensión del hielo marino antártico sigue un ciclo estacional. Durante el invierno del hemisferio sur, las bajas temperaturas favorecen la congelación del agua y permiten que el hielo se extienda sobre una mayor superficie oceánica. Al llegar la primavera y el verano, el aumento de las temperaturas provoca su retroceso, que normalmente alcanza su punto mínimo en febrero.
La geografía también influye en este comportamiento. A diferencia del Ártico, que está formado principalmente por un océano rodeado de continentes, la Antártida es una masa continental rodeada por el océano Austral. Esta configuración permite que el hielo avance ampliamente durante los meses fríos, pero también que se extienda hacia aguas más cálidas, donde puede derretirse con mayor rapidez.
La tecnología satelital permite seguir los cambios
Para medir la extensión del hielo, los investigadores utilizan satélites equipados con sensores de microondas capaces de distinguir entre las superficies congeladas y el agua abierta. Esta tecnología permite obtener observaciones incluso cuando hay nubosidad o durante los periodos de oscuridad del invierno polar.
Los científicos consideran que mantener registros continuos resulta fundamental para comprender las variaciones del hielo y estudiar su relación con las condiciones atmosféricas y oceánicas.
Aunque una cifra anual no permite establecer por sí sola las causas de estos cambios, la persistencia de extensiones reducidas hace necesario continuar con el seguimiento científico. Las próximas mediciones ayudarán a establecer si el comportamiento observado en los últimos años se mantiene o presenta nuevas variaciones.
Fuente: infobae




