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21 muertos en riñas y una violencia que ya no respeta ni los hospitales

Una palabra, un insulto, una mirada, una copa de más o una discusión pueden convertirse en una tragedia.

Por Danny Javier Marcillo MedicisRedacción EXTRA
⏱ 5 min de lectura
21 muertos en riñas y una violencia que ya no respeta ni los hospitales
Imagen de portada · Grupo Editorial Central

En Nariño, la violencia parece estar esperando cualquier oportunidad para aparecer. Una reunión entre amigos, una celebración familiar o una noche de tragos puede comenzar entre risas y terminar entre gritos, golpes, sangre y sirenas. Lo que parecía una simple discusión puede convertirse, en cuestión de segundos, en una tragedia que termina dejando una familia de luto y otra preguntándose por qué nadie pudo detener la pelea.

Las cifras generan preocupación. En lo corrido de 2026, 21 personas habrían perdido la vida en Pasto en hechos relacionados con lesiones personales ocurridas durante riñas. Detrás de ese número existen 21 historias, 21 familias golpeadas y una cantidad todavía mayor de personas afectadas por una violencia que muchas veces comienza con algo aparentemente insignificante.

 

Conflicto ciudadano

El panorama resulta todavía más preocupante cuando se revisa el número de confrontaciones que se presentan en la ciudad. Durante un solo fin de semana se habrían registrado alrededor de 60 riñas, algunas de ellas con personas heridas. Una de esas confrontaciones terminó llevando a una pareja hasta el Hospital Universitario Departamental de Nariño, buscando atención médica después de resultar involucrada en la pelea.

Pero lo que ocurrió después parece increíble. El conflicto no habría terminado en la calle. Según la información conocida, dentro del centro asistencial una enfermera habría sido agredida y, durante la intervención de la Policía para controlar la situación, una patrullera también habría sido golpeada. Finalmente, dos personas fueron capturadas.

 

Terminó entrando por las puertas de urgencias

Un hospital, precisamente el lugar donde llegan quienes buscan salvarse, terminó convertido en otro escenario de confrontación. El episodio vuelve a poner sobre la mesa el grave problema de la intolerancia y la facilidad con la que una discusión puede escalar hasta convertirse en una agresión física.

El consumo excesivo de alcohol aparece como uno de los factores asociados a muchas de estas confrontaciones. Una copa puede convertirse en varias, una palabra puede convertirse en insulto y el insulto puede terminar en golpes. Cuando aparecen las armas, los objetos contundentes o la violencia descontrolada, el desenlace puede ser fatal.

Pero mientras en Pasto las riñas dejan una preocupante cifra de muertos, en otros municipios del departamento se han registrado tragedias que estremecieron a comunidades enteras.

En Túquerres, la violencia habría llegado hasta una vivienda del barrio Simón Bolívar. Varios disparos alertaron a los habitantes y posteriormente las autoridades llegaron al lugar encontrando una escena desgarradora: un niño de aproximadamente cuatro años y una mujer habían resultado heridos por arma de fuego.

El pequeño fue identificado como Luis Miguel Yampuezan, quien recibió un impacto a la altura de la cabeza. A pesar de los esfuerzos médicos, el menor falleció. Su madre, Mónica Paola Zambrano Jiménez, también resultó herida y tuvo que permanecer bajo atención médica.

De acuerdo con información preliminar y versiones extraoficiales conocidas sobre el caso, la tragedia se habría producido después de una discusión entre la mujer y quien sería su pareja, Jorge Andrés Yampuezan Rodríguez, señalado preliminarmente como presunto responsable de los disparos.

 

 

 

Se produjeron disparos y dos personas murieron

Posteriormente se habría conocido que uno de los implicados portaba aparentemente un arma de juguete. Una confusión que duró apenas unos instantes terminó cobrando dos vidas y dejando una familia marcada para siempre.

Una reunión familiar, unas copas, miedo y una reacción equivocada terminaron convirtiendo una madrugada cualquiera en una escena de muerte.

Otra historia que estremeció a Nariño fue la de Blanca Emeria Pardo Rosero, una mujer de 72 años y madre de seis hijos que murió después de permanecer bajo atención médica tras ser encontrada gravemente herida y desorientada en un terreno de su propiedad.

 

Una historia de terror real

Una de sus hijas habría localizado a la adulta mayor en un potrero. Blanca todavía tenía signos vitales, pero presentaba múltiples lesiones. Sus familiares señalaron que existían indicios de que habría sido víctima de una agresión física y sexual.

La mujer fue trasladada inicialmente a un centro asistencial de San Bernardo y posteriormente llevada hasta Pasto debido a la gravedad de sus heridas. Sin embargo, no habría logrado explicar con claridad qué había sucedido ni quién podría haberla atacado.

Su hija, Jenny Pardo, pronunció una frase que resume el dolor y la impotencia de una familia que todavía busca respuestas: “Mi mamá no murió, me la mataron”.

El caso quedó en manos de las autoridades, que deberán esclarecer las circunstancias de la muerte y determinar quién sería el responsable.

Pero la violencia no solamente deja muertos. También deja personas heridas, familias destruidas y sobrevivientes que deben aprender a convivir con las secuelas de un ataque.

Hace aproximadamente tres meses, un ciudadano relató que vivió una verdadera pesadilla en el sector del semáforo de Las Acacias. Según su testimonio, se encontraba detenido cuando dos sujetos que se movilizaban en una motocicleta, identificada con la placa NLT87G, lo habrían abordado para intentar arrebatarle su vehículo. La situación habría sido extremadamente violenta. El hombre fue lanzado al suelo y cayó pesadamente sobre su lado derecho. La reacción de varias personas que se encontraban en el sector habría impedido que los sujetos lograran llevarse la motocicleta.

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