21 muertos en riñas y una violencia que ya no respeta ni los hospitales
Una palabra, un insulto, una mirada, una copa de más o una discusión pueden convertirse en una tragedia.

En Nariño, la violencia parece
estar esperando cualquier oportunidad para aparecer. Una reunión entre amigos,
una celebración familiar o una noche de tragos puede comenzar entre risas y
terminar entre gritos, golpes, sangre y sirenas. Lo que parecía una simple
discusión puede convertirse, en cuestión de segundos, en una tragedia que
termina dejando una familia de luto y otra preguntándose por qué nadie pudo
detener la pelea.
Las cifras generan preocupación.
En lo corrido de 2026, 21 personas habrían perdido la vida en Pasto en hechos
relacionados con lesiones personales ocurridas durante riñas. Detrás de ese
número existen 21 historias, 21 familias golpeadas y una cantidad todavía mayor
de personas afectadas por una violencia que muchas veces comienza con algo
aparentemente insignificante.
Conflicto ciudadano
El panorama resulta todavía más
preocupante cuando se revisa el número de confrontaciones que se presentan en
la ciudad. Durante un solo fin de semana se habrían registrado alrededor de 60
riñas, algunas de ellas con personas heridas. Una de esas confrontaciones
terminó llevando a una pareja hasta el Hospital Universitario Departamental de
Nariño, buscando atención médica después de resultar involucrada en la pelea.
Pero lo que ocurrió después
parece increíble. El conflicto no habría terminado en la calle. Según la
información conocida, dentro del centro asistencial una enfermera habría sido
agredida y, durante la intervención de la Policía para controlar la situación,
una patrullera también habría sido golpeada. Finalmente, dos personas fueron
capturadas.
Terminó entrando por las puertas
de urgencias
Un hospital, precisamente el
lugar donde llegan quienes buscan salvarse, terminó convertido en otro
escenario de confrontación. El episodio vuelve a poner sobre la mesa el grave
problema de la intolerancia y la facilidad con la que una discusión puede
escalar hasta convertirse en una agresión física.
El consumo excesivo de alcohol
aparece como uno de los factores asociados a muchas de estas confrontaciones.
Una copa puede convertirse en varias, una palabra puede convertirse en insulto
y el insulto puede terminar en golpes. Cuando aparecen las armas, los objetos
contundentes o la violencia descontrolada, el desenlace puede ser fatal.
Pero mientras en Pasto las riñas
dejan una preocupante cifra de muertos, en otros municipios del departamento se
han registrado tragedias que estremecieron a comunidades enteras.
En Túquerres, la violencia
habría llegado hasta una vivienda del barrio Simón Bolívar. Varios disparos
alertaron a los habitantes y posteriormente las autoridades llegaron al lugar
encontrando una escena desgarradora: un niño de aproximadamente cuatro años y
una mujer habían resultado heridos por arma de fuego.
El pequeño fue identificado como
Luis Miguel Yampuezan, quien recibió un impacto a la altura de la cabeza. A
pesar de los esfuerzos médicos, el menor falleció. Su madre, Mónica Paola
Zambrano Jiménez, también resultó herida y tuvo que permanecer bajo atención
médica.
De acuerdo con información
preliminar y versiones extraoficiales conocidas sobre el caso, la tragedia se
habría producido después de una discusión entre la mujer y quien sería su
pareja, Jorge Andrés Yampuezan Rodríguez, señalado preliminarmente como presunto
responsable de los disparos.
Se produjeron disparos y dos
personas murieron
Posteriormente se habría
conocido que uno de los implicados portaba aparentemente un arma de juguete.
Una confusión que duró apenas unos instantes terminó cobrando dos vidas y
dejando una familia marcada para siempre.
Una reunión familiar, unas
copas, miedo y una reacción equivocada terminaron convirtiendo una madrugada
cualquiera en una escena de muerte.
Otra historia que estremeció a
Nariño fue la de Blanca Emeria Pardo Rosero, una mujer de 72 años y madre de
seis hijos que murió después de permanecer bajo atención médica tras ser
encontrada gravemente herida y desorientada en un terreno de su propiedad.
Una historia de terror real
Una de sus hijas habría
localizado a la adulta mayor en un potrero. Blanca todavía tenía signos
vitales, pero presentaba múltiples lesiones. Sus familiares señalaron que
existían indicios de que habría sido víctima de una agresión física y sexual.
La mujer fue trasladada
inicialmente a un centro asistencial de San Bernardo y posteriormente llevada
hasta Pasto debido a la gravedad de sus heridas. Sin embargo, no habría logrado
explicar con claridad qué había sucedido ni quién podría haberla atacado.
Su hija, Jenny Pardo, pronunció
una frase que resume el dolor y la impotencia de una familia que todavía busca
respuestas: “Mi mamá no murió, me la mataron”.
El caso quedó en manos de las
autoridades, que deberán esclarecer las circunstancias de la muerte y
determinar quién sería el responsable.
Pero la violencia no solamente
deja muertos. También deja personas heridas, familias destruidas y
sobrevivientes que deben aprender a convivir con las secuelas de un ataque.




