Se confirmó la llegada de energía a la vereda La Ceja tras décadas de espera.
Después de más de cincuenta años de espera, la vereda La Ceja, en Cajamarca, por fin ve encender la luz. Lo que durante generaciones fue una promesa incumplida, hoy se convierte en una realidad que transforma por completo la vida de sus habitantes. En medio de uno de los paisajes más imponentes del país, rodeado de páramo y del santuario de palma de cera más grande del mundo, la energía eléctrica llegó para marcar un antes y un después.
La obra fue ejecutada por la Empresa Generadora de Energía del Tolima, EGETSA, en articulación con la Gobernación del Tolima, cerrando una brecha histórica que durante décadas mantuvo a esta comunidad aislada del desarrollo tecnológico y productivo.
El proyecto de electrificación rural no fue sencillo. Las difíciles condiciones geográficas, sumadas a la altura y al terreno montañoso, representaron un reto técnico significativo. Sin embargo, la insistencia de la comunidad logró lo que parecía imposible.
La llegada de la energía eléctrica no solo ilumina los hogares, sino que también abre la puerta a nuevas oportunidades. Ahora, los habitantes pueden acceder a internet, telefonía y herramientas tecnológicas que antes eran impensables. Este avance impacta directamente la calidad de vida, especialmente en temas de educación, comunicación y acceso a la información.
Herman Augusto Silva Palma, presidente de la vereda, aseguró que este logro representa un salto gigantesco en el desarrollo social y productivo. La comunidad, que antes dependía de métodos rudimentarios, ahora puede modernizar sus procesos.
Uno de los sectores más beneficiados es el agrícola y lechero. Con la llegada de la electricidad, los productores pueden implementar ordeños mecánicos, sistemas de refrigeración y mejorar la calidad de sus derivados, como el queso. Esto no solo optimiza la producción, sino que también incrementa la competitividad en el mercado.
Angela Cardona, habitante de la vereda La Ceja, destacó el impacto positivo de la obra en su día a día. Según contó, ahora las familias pueden conservar alimentos por más tiempo, trabajar con mayor eficiencia y mantenerse conectadas con el mundo exterior.
Además, este avance fortalece el atractivo turístico de la zona, considerada un santuario natural de gran importancia. Visitantes de diferentes regiones llegan atraídos por la majestuosidad de la palma de cera, y ahora contarán con mejores condiciones para su experiencia.
La ejecución de este proyecto reafirma el compromiso de llevar desarrollo a las zonas más apartadas del Tolima, demostrando que, incluso en los territorios más difíciles, el progreso sí es posible.


