El reloj no se detiene en Alto Medianías, vereda rural del municipio de Saladoblanco, Huila, donde se vive una angustiosa carrera contra el tiempo para encontrar a Leidy Jhoana Jamioy Quinayas e Ignacio Jiménez Muñoz, la pareja que fue arrastrada por un deslizamiento de tierra el pasado martes en medio del fuerte invierno que golpea al sur del departamento.
Desde entonces, la búsqueda ha sido intensa, aunque interrumpida por momentos debido a las condiciones climáticas adversas que han puesto en peligro la seguridad de los rescatistas.
Lluvias frenan la esperanza
El miércoles por la tarde, la lluvia obligó a detener los trabajos. Las precipitaciones persistentes saturaron el terreno, aumentando el riesgo de nuevos deslizamientos. Organismos de socorro y el Comité de Gestión del Riesgo tomaron la difícil decisión de suspender temporalmente las labores, priorizando la vida de quienes participaban en el operativo.
“Era una decisión necesaria. Estábamos ante un terreno inestable y peligroso. No podíamos exponer más vidas”, explicó uno de los líderes de socorro.
Se retoma el operativo
Este jueves, con mayor precaución y monitoreo constante del terreno, el equipo de búsqueda reinició labores desde las primeras horas. Así lo confirmó el alcalde de Saladoblanco, Javier Bambague, quien señaló que cinco socorristas y dos caninos especializados han sido desplegados para reforzar la operación.
“Sabemos que cada minuto cuenta. Tenemos la esperanza de hallarlos con vida, pero no somos ajenos a la realidad: también nos preparamos para el peor escenario”, declaró el mandatario.
La posibilidad de encontrarlos vivos aún no se descarta por completo, pero los equipos trabajan con el corazón dividido entre la esperanza y la resignación.
Comunidad que no abandona
En medio del lodazal y el silencio quebrado solo por las palas, los ladridos de los perros y los suspiros de los familiares, la comunidad se aferra a la fe. Vecinos, amigos y allegados permanecen cerca del lugar, muchos ayudando en lo que pueden, otros simplemente acompañando, con el alma en vilo.
“Ellos eran personas queridas, trabajadores. No nos vamos a mover de aquí hasta saber qué pasó”, dijo un habitante de la zona. El dolor colectivo se mezcla con la solidaridad. No hay nadie indiferente.
Vida primero
Las autoridades han sido enfáticas: la seguridad del equipo de búsqueda es prioridad. Se tomarán decisiones según lo permita el clima y la estabilidad del terreno. La vida de los socorristas también está en juego.
A pesar de todo, el operativo sigue en marcha. En cada movimiento, los rescatistas guardan la posibilidad de un milagro, aunque también se preparan para una despedida. La montaña aún guarda su silencio. Y en Saladoblanco, la esperanza y el miedo caminan de la mano.




