Lo que comenzó en la década de 1970 como una iniciativa para introducir una especie destinada a la caza terminó convirtiéndose en un problema de conservación en Tenerife. El muflón fue llevado a las cumbres de la isla con fines cinegéticos, pero con el paso de los años se adaptó al entorno y se expandió por zonas naturales.
Este herbívoro consume numerosas especies vegetales, entre ellas plantas endémicas y amenazadas que tienen una distribución muy limitada. Su alimentación constante puede dificultar la regeneración de la vegetación, mientras que el desplazamiento de los animales también contribuye al deterioro del suelo y a procesos de erosión.
El impacto resulta especialmente relevante en las cumbres de Tenerife, donde se encuentran especies que evolucionaron de manera aislada y que no cuentan con una gran capacidad para soportar nuevas presiones. El muflón ha llegado a extenderse desde el Parque Nacional del Teide hacia áreas como el Parque Natural de la Corona Forestal.
Ante esta situación, las autoridades canarias consideran al muflón una especie exótica invasora y desarrollan campañas periódicas para controlar sus poblaciones. El Cabildo de Tenerife señala que estas actuaciones tienen como objetivo la erradicación de la especie y la protección de las comunidades vegetales afectadas.
La historia del muflón en Tenerife refleja cómo la introducción de especies con fines humanos puede generar consecuencias ambientales décadas después. Un animal que inicialmente fue llevado a la isla como pieza de caza terminó convirtiéndose en una amenaza para parte de la flora que caracteriza a uno de los ecosistemas más singulares de Canarias.



