LO DEJARON ABANDONADO

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Un silencio persistente envuelve hoy la vida de Gervasio Bustos, un adulto mayor que fue abandonado por sus familiares y cuya historia refleja la dura realidad de muchos ancianos olvidados. Su mirada, cargada de tristeza, conmueve incluso a quienes apenas lo conocen, mientras aguarda un reencuentro que parece diluirse con el paso de los días.

Gervasio llegó inicialmente a la ESE Carmen Emilia Ospina, acompañado por un amigo cuya identidad se desconoce, sin documentos claros y sin que nadie preguntara por su situación. Gracias a una acción de tutela, fue retirado del centro médico y actualmente se encuentra bajo cuidado permanente en un geriátrico denominado Fundación Caya, donde recibe atención integral.

Origen

Tiene 77 años y asegura haber nacido en San Andrés, jurisdicción del municipio de Tello, Huila. Allí vivía solo, enfrentando la vejez sin compañía ni apoyo familiar. La memoria le falla con frecuencia, pues padece Alzheimer. Entre recuerdos fragmentados, menciona haber tenido cinco hijos, aunque solo logra recordar el nombre de uno de ellos: Arismendi. De los demás, no conserva mayores detalles.

Familia

En sus relatos también aparecen hermanos. Dice que uno de ellos se llama Isauro, pero desconoce su paradero y si aún vive. Esa incertidumbre lo afecta profundamente. En ocasiones llora sin motivo aparente; en otras, permanece en un silencio prolongado que refleja resignación y dolor. Cuando fue trasladado a la Fundación Caya, su estado de salud era crítico: presentaba desnutrición severa y un notable deterioro físico. Con cuidados constantes, su condición ha mejorado, aunque el abandono sigue siendo la herida más profunda.

Apoyo

Actualmente, la Alcaldía de Neiva asume los costos de su atención, garantizándole techo, alimentación y cuidado médico. Sin embargo, quienes lo rodean saben que nada sustituye la presencia de un familiar, una mano conocida o una palabra cargada de afecto. Gervasio repite con frecuencia que quiere recuperar a su familia. Pregunta si alguien ha ido a buscarlo. Su anhelo es sencillo y desgarrador: no morir solo.

Por ello, se hace un llamado solidario a la comunidad. Si alguien lo reconoce, si alguna vez compartió su camino, se le pide acercarse, visitarlo y devolverle, aunque sea por un momento, el afecto que la vida le arrebató.

Foto: Gervasio Bustos, afectado.


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