Lluvias afectaron familias

La emergencia pone en evidencia las falencias de infraestructura y prevención que arrastra el Huila.
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Las intensas lluvias que azotaron a Suaza este lunes no solo anegaron diez viviendas del barrio San Martín: también dejaron al descubierto la falta de planificación y mantenimiento del sistema de alcantarillado. El colapso del drenaje urbano provocó pérdidas materiales en electrodomésticos y muebles, obligando a varias familias a evacuar sus hogares.

Pese a la rápida respuesta de los organismos de socorro y del equipo municipal, la emergencia evidenció un patrón recurrente: la acción llega después del desastre.

El geólogo de la Oficina de Gestión del Riesgo del Huila, Jorge Leonardo Chaparro, explicó que las lluvias superaron la capacidad del sistema, pero reconoció que las deficiencias estructurales siguen siendo un factor determinante. Sin embargo, la atención se ha centrado más en la reacción que en la prevención.

La directora departamental de Gestión del Riesgo, Isabel Hernández, enfrenta ahora el reto de coordinar acciones más efectivas ante la inminente segunda temporada de lluvias anunciada por el IDEAM. Su oficina ha insistido en que los municipios deben activar sus planes de contingencia, pero en la práctica pocos los tienen actualizados o financiados.

Gestión

Aunque Hernández ha promovido campañas de capacitación y articulación con los comités locales, los recientes hechos en Suaza sumados a los deslizamientos reportados en otras zonas rurales plantean un cuestionamiento inevitable.

La comunidad afectada exige acciones más concretas y menos discursos preventivos. Las lluvias de Suaza dejaron claro que los desastres naturales no siempre son “naturales”; muchas veces son consecuencia de una gestión que reacciona cuando el agua ya toca la puerta.


Mientras las familias damnificadas esperan ayudas y soluciones, la advertencia del cielo es clara: el Huila necesita una política de gestión del riesgo que deje de ser reactiva y pase, por fin, a ser preventiva. Porque la naturaleza no da tregua, y la improvisación tampoco debería tener espacio en los planes de emergencia.


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