El Cauca es uno de los departamentos con mayor diversidad lingüística del país, hogar de varias lenguas indígenas que aún se hablan en comunidades rurales. Sin embargo, diciembre vuelve a evidenciar una realidad preocupante: cada vez son menos los hablantes activos, especialmente entre niños y jóvenes.
Líderes culturales señalan que el desplazamiento, la escolarización centrada exclusivamente en el español y la discriminación histórica han debilitado el uso cotidiano de las lenguas ancestrales. En muchos hogares, los padres optan por no enseñarlas a sus hijos para evitar estigmatización.
La pérdida de una lengua no implica solo la desaparición de palabras, sino de una forma particular de entender el mundo. En ellas se contienen conocimientos sobre la naturaleza, la medicina tradicional y la organización comunitaria.
Durante encuentros familiares y rituales de fin de año, los adultos mayores suelen ser los últimos en utilizar estas lenguas de forma activa. Para algunos jóvenes, escucharlas resulta cada vez más extraño.
Especialistas en patrimonio cultural advierten que la recuperación no depende únicamente de celebraciones simbólicas, sino de su uso cotidiano. Sin espacios reales para hablarlas, las lenguas pierden funcionalidad.
La defensa de estas lenguas se convierte, entonces, en un desafío cultural urgente. Para muchas comunidades del Cauca, preservar su idioma es preservar su identidad y su derecho a existir como pueblo.


