Kevin Andrés Correa aceptó cargos tras robo y asesinato por cadena de oro.
Un juez de conocimiento condenó a 17 años de prisión a Kevin Andrés Correa Ramírez, luego de que aceptara su responsabilidad mediante preacuerdo con la Fiscalía General de la Nación por su participación en un homicidio ocurrido en Ibagué. La sentencia quedó firme tras la aprobación judicial del acuerdo alcanzado entre las partes.
De acuerdo con la investigación, los hechos se registraron en un establecimiento público del barrio Jordán. Allí, la víctima fue abordada por la espalda en lo que inicialmente parecía un intento de hurto. En medio del forcejeo por una cadena, el hoy condenado utilizó un arma traumática y accionó el disparo que cambiaría el destino de todos los involucrados.
Testigos relataron que el agresor huyó rápidamente del lugar a bordo de una motocicleta, mientras la víctima quedaba tendida y gravemente herida. Personas que se encontraban en el establecimiento alertaron a los organismos de emergencia, que trasladaron al afectado a un centro asistencial.
Pese a los esfuerzos médicos, el hombre falleció horas después debido a la gravedad de las lesiones. El caso generó conmoción entre habitantes del sector, que exigieron respuestas rápidas de las autoridades y mayor seguridad en la zona.
Tras la captura y el avance del proceso judicial, el implicado decidió suscribir un preacuerdo con la Fiscalía, aceptando los delitos de homicidio y hurto calificado en grado de tentativa, ambas conductas agravadas. Esta negociación permitió una terminación anticipada del proceso y evitó un juicio prolongado.
El juez competente avaló el acuerdo y dictó la sentencia correspondiente, dejando en firme la pena privativa de la libertad. Con esta decisión, las autoridades destacaron la importancia de los mecanismos de negociación judicial como herramienta para garantizar resultados efectivos en los procesos penales.
El caso volvió a poner sobre la mesa la problemática de la violencia asociada a intentos de hurto en la ciudad y el uso de armas traumáticas en hechos delictivos. Mientras tanto, la familia de la víctima enfrenta el dolor de una pérdida irreparable que comenzó con un aparente robo y terminó en tragedia.




