La paciencia de los habitantes de Solano, en el departamento del Caquetá, parece haberse agotado. La comunidad y el comercio local lanzaron un fuerte llamado al gerente general de la Electrificadora del Caquetá, Luis Enrique Trujillo López, ante lo que califican como un abandono total del servicio de energía en este municipio del sur del país.
Cortes constantes, fallas diarias y la falta de atención oportuna se han convertido en parte de la rutina de los solanenses, quienes aseguran que vivir sin energía estable ya no es una excepción, sino la norma.
Servicio abandonado
Según denuncian los habitantes, la situación empeoró tras la renuncia de los operarios que prestaban el servicio en la localidad. De acuerdo con la comunidad, estos trabajadores decidieron irse porque la empresa les adeudaba varios meses de salario y no les garantizaba seguridad social. Con su salida, Solano quedó prácticamente a oscuras, no solo por los apagones, sino por la ausencia total de personal que atienda daños, emergencias o reparaciones.
Hoy, cuando se presenta una falla, no hay a quién llamar ni quién responda. Las quejas se acumulan, pero las soluciones no llegan. Para muchos ciudadanos, la Electrificadora del Caquetá simplemente se olvidó de Solano.
Cobros sin servicio
La molestia no termina ahí. Los usuarios también cuestionan lo que consideran cobros injustos. Afirman que, cuando se vence la fecha de pago de la factura, de inmediato aparece el cobro por reconexión, aun cuando nadie ha ido a suspender ni a restablecer el servicio. “Nos cobran como si vinieran a hacer el trabajo, pero aquí no aparece nadie”, aseguran varios afectados.
Esta situación ha generado indignación, pues consideran que se les exige puntualidad en los pagos mientras reciben un servicio deficiente, inestable y sin respaldo técnico. Para la comunidad, el trato es desigual y poco respetuoso.
Comercio golpeado
Los más afectados son los comerciantes. Tiendas, restaurantes y pequeños negocios se han visto obligados a usar plantas eléctricas para no perder sus productos, asumiendo costos adicionales en combustible y mantenimiento. Otros, simplemente, han tenido que botar alimentos dañados por la falta de refrigeración.
Las familias también sufren las consecuencias. Guardar comida, conservar carnes o medicamentos, e incluso descansar en medio del calor, se vuelve una odisea sin energía constante. “Pagamos la luz, pero vivimos como si no la tuviéramos”, dicen los pobladores.
Ante este panorama, la comunidad de Solano exige respuestas claras y acciones concretas. Piden al gerente de la Electrificadora del Caquetá que mire hacia este municipio, envíe personal, solucione las fallas y garantice un servicio digno. Para ellos, la energía no es un lujo, es una necesidad básica que hoy sienten totalmente abandonada.


