En medio de las calles estrechas del barrio El Poblado, la Casa Naranja se abre como un espacio inesperado y vibrante. Tras subir las gradas angostas, aparece una sala teatral única en el oriente de Cali, con luces, muñecos y una tarima que invita a soñar. Allí, la entrada no se paga con dinero, sino con un huevo, una libra de arroz o un abrazo, gesto que resume la filosofía de compartir y transformar.
El mural de la Casa recuerda a quienes han aportado a su existencia, mientras en la terraza descansan figuras culturales que luego desfilan por la ciudad. Entre cajas y martillazos, se respira entusiasmo por la remodelación y por los proyectos que siguen creciendo.
John Jairo Perdomo, director de la sala y escuela de teatro Casa Naranja, sonríe y afirma que cada ladrillo guarda un sueño. El teatro se convierte en refugio, en alegría y en esperanza compartida.




