El Occidente de Boyacá se encuentra en un estado de parálisis en sus vías, El municipio de Maripí ya no tiene carreteras; lo que quedan son cicatrices de lodo y abismos que amenazan con tragarse lo que esté a su paso. La furia del invierno, sumada a un abandono estatal, ha dejado a las veredas incomunicadas, con las bancadas de las vías totalmente desaparecidas y sin una sola máquina oruga para reconstruir el paso.
La tragedia ronda las puertas de las viviendas. En el sector de Marapay, la familia Rodríguez sobrevive bajo el terror: una avalancha monumental rodó más de 100 metros, deteniéndose a escasos pasos de su hogar. El pánico es colectivo. En el sector de Palmar, la tierra literalmente se abrió, llevándose media hectárea de cultivos y la banca completa de la carretera. Hoy, transitar hacia Santa Rosa Sur o el sector Las Heces no es un viaje, es un acto que genera zozobra.
La indignación de la comunidad, representada por José Olmos de Asojuntas, es total. Es un insulto que la «Capital Mundial de la Esmeralda», una tierra que le entrega tesoros al mundo, reciba a cambio «vías» que son, en sus propias palabras, «cuatro huecos». Mientras en las zonas petroleras se presume de infraestructura 4G, en Maripí los campesinos deben arriesgar sus vehículos y su integridad cruzando por el piso de la quebrada La Locha, que al no tener puente, se convierte en una guillotina de agua con cada creciente súbita.
El llamado a Invías y al Gobierno, departamental y Nacional es urgente y cargado de rabia. No se trata solo de minería; es el sustento de cientos de familias productoras de cacao, café y caña que hoy ven su economía sepultada. La comunicación está cortada y el riesgo de que el río La Vega arrastre el puente provisional es inminente.
La comunidad de Maripí no aguanta un derrumbe más. El Estado debe intervenir antes de que el luto regrese a estas montañas por culpa de la desidia administrativa. Mientras tanto, en las montañas crece la preocupación de quienes temen que el invierno siga avanzando y termine por aislar completamente a varias veredas, dejando a cientos de familias en medio de una emergencia vial y ambiental Los campesinos están aislados, en peligro y cansados de ser el patio trasero del departamento. La emergencia, el hambre y la montaña no dan tregua




