Familias vulnerables tomaron un lote privado y esperan respuesta rápida de autoridades locales.
En la urbanización Mi Casita, muy cerca del barrio Lara Bonilla, se vive desde hace varios días una situación que tiene a toda la comunidad con la atención puesta sobre un mismo punto: un terreno que, aunque figura como zona verde del conjunto, hoy está ocupado por varias familias que aseguran no tener otra opción para vivir.
Según comentan los vecinos, el lote permaneció abandonado durante años. Muchos recuerdan que allí solo había maleza, basuras y preocupación por la inseguridad. Sin embargo, ahora ese mismo espacio es el lugar donde varias madres cabeza de hogar levantaron cambuches y estructuras improvisadas para proteger a sus hijos y tratar de construir un hogar digno, aunque sea de manera temporal.
Tierra disputada
Mientras unos habitantes del sector hablan de invasión y de uso ilegal de un terreno privado, quienes están ocupando el lugar defienden su decisión. Ellos aseguran que nadie cuidaba ese lote, que nunca hubo una voz firme reclamándolo y que solamente ahora, cuando levantaron sus ranchos, aparecieron los supuestos dueños. Para estas familias, más que un problema jurídico, esto es una lucha por sobrevivir y por no dormir en la calle.
Los vecinos del conjunto también expresan preocupación. Tienen miedo de que el sector se deteriore, que aumenten los conflictos y que la situación termine afectando la convivencia del barrio. Muchos reconocen la necesidad de las familias, pero piden orden, reglas claras y una solución que no termine dividiendo a la comunidad.
Voceros hablan
Entre las personas que están ocupando el terreno tomó fuerza la voz de la señora Lorena, quien se ha convertido en una de las voceras del caso. Ella pide que no las juzguen sin conocer su realidad y solicita apoyo para las madres y niños que hoy viven entre plásticos, tablas y la incertidumbre de no saber qué va a pasar.
Piden soluciones
Tanto los residentes como quienes hoy están en el lugar coinciden en algo: la Administración Municipal debe intervenir cuanto antes. Todos esperan una visita oficial, un diálogo abierto y una decisión que defina si ese espacio podrá ser vivienda o si deberán desalojarlo, pero garantizando apoyo social para las familias que no tienen a dónde ir. Mientras tanto, Mi Casita sigue pendiente, mirando ese terreno que hoy representa esperanza para unos y preocupación para otros.
Destacado: Vecinos y ocupantes piden soluciones claras mientras el barrio vive tensiones crecientes hoy.
Foto: Lorena, denunciante.


