Investigadores de King’s College London, en Reino Unido, desarrollaron uno de los mapas más detallados hasta ahora sobre el comportamiento y la evolución de las células B dentro de tumores de melanoma, un tipo de cáncer de piel. El trabajo, publicado el 7 de agosto de 2026 en el Journal of Experimental & Clinical Cancer Research, analiza cómo estas células inmunitarias cambian dentro del tumor y cómo sus características pueden relacionarse con la respuesta a la inmunoterapia.
El estudio resulta relevante porque la inmunoterapia ya forma parte del tratamiento de determinados tipos de cáncer, pero no todos los pacientes responden de la misma manera. En el melanoma, los investigadores buscan precisamente identificar las características biológicas que permitan comprender por qué determinados tumores responden al tratamiento mientras otros muestran una respuesta limitada.
El equipo británico encontró diferentes estados de las células B, incluyendo una población activada asociada con señales producidas por interferones, proteínas que participan en la regulación de la respuesta inmunitaria. Estas células permanecieron presentes durante diferentes etapas de la enfermedad y también después de la administración de inmunoterapia.
Los investigadores señalan que estos patrones todavía no pueden utilizarse directamente para decidir qué tratamiento debe recibir una persona. Sin embargo, podrían aportar información para desarrollar en el futuro biomarcadores capaces de ayudar a predecir la respuesta a determinados tratamientos.
¿Qué descubrieron exactamente los investigadores?
Las células B son un componente del sistema inmunitario especializado, entre otras funciones, en producir anticuerpos. Dentro de los tumores pueden interactuar con otras células inmunitarias y organizarse en estructuras especializadas conocidas como estructuras linfoides terciarias o TLS, por sus siglas en inglés.
El estudio de King’s College London encontró que las células B no permanecen estáticas dentro del melanoma. Por el contrario, pueden atravesar diferentes estados de desarrollo y especialización.
Mediante análisis de expresión genética y otras técnicas, los científicos observaron trayectorias que van desde células B vírgenes y de memoria hacia estados más diferenciados asociados con señales de interferón. Estas trayectorias aparecieron tanto antes como después de la inmunoterapia.
El trabajo también encontró que las células B estaban asociadas con tumores con mayor presencia de células inmunitarias. En particular, su presencia se relacionó con la densidad de células T y células asesinas naturales, conocidas como células NK.
Esto es importante porque la respuesta contra un tumor no depende normalmente de un único tipo de célula. El sistema inmunitario funciona mediante una red de interacciones entre diferentes poblaciones celulares, y el estudio intenta reconstruir precisamente esa interacción dentro del microambiente tumoral.
Un nuevo estado de células B llamó la atención de los científicos
Uno de los principales hallazgos fue la identificación de un estado de células B activadas asociado con interferones.
Los investigadores observaron que estas células aparecían de manera consistente en diferentes muestras y podían encontrarse cerca de otras células inmunitarias importantes. Además, tendían a concentrarse en zonas especializadas del tumor donde se producen interacciones inmunitarias complejas.
El análisis mostró que las células B podían evolucionar desde estados más inmaduros hacia poblaciones especializadas. Entre ellas se encontraban células de memoria, células asociadas con centros germinales y diferentes poblaciones relacionadas con señales de interferón.
Los resultados sugieren que el sistema inmunitario dentro de un melanoma es mucho más dinámico de lo que puede observarse simplemente analizando la cantidad total de células presentes en un tumor.
¿Qué relación encontraron con la inmunoterapia?
La investigación también comparó muestras tomadas antes y después de tratamientos basados en inhibidores de puntos de control inmunitario.
Estos tratamientos buscan impedir que determinados mecanismos de control apaguen la actividad de las células inmunitarias. De esta manera, las células T pueden recuperar parte de su capacidad para reconocer y atacar células tumorales.
En el estudio británico, después de la inmunoterapia las células B conservaron algunas trayectorias de diferenciación y mostraron una mayor presencia de características asociadas con centros germinales. También se observaron mayores interacciones entre las células B, las células T y las células dendríticas.
Esto proporciona una imagen más compleja de lo que ocurre durante el tratamiento: la inmunoterapia no solamente afecta directamente a determinadas células inmunitarias, sino que puede modificar las relaciones entre distintas poblaciones dentro del microambiente del tumor.
Diferencias entre pacientes que respondieron y quienes no
Uno de los aspectos que más interés puede tener para futuras investigaciones fue la comparación entre pacientes que respondieron a la inmunoterapia y aquellos que no lo hicieron.
En un conjunto de 16 muestras posteriores al tratamiento, los científicos observaron una mayor proporción relativa de células B activadas asociadas con interferón y menores niveles de determinadas poblaciones de células B vírgenes o de memoria en el grupo de pacientes clasificado como no respondedor.
En contraste, el grupo de pacientes que respondió presentó una mayor proporción de determinadas células B vírgenes/de memoria y células B de memoria similares a las encontradas en centros germinales.
Sin embargo, existe una advertencia importante: los patrones no fueron uniformes entre todos los pacientes. Los propios investigadores indican que parte de las diferencias estaba impulsada por determinados tumores, por lo que los resultados todavía no permiten establecer una regla que determine de antemano quién responderá a la inmunoterapia.
De hecho, los autores señalan que será necesario estudiar grupos de pacientes mucho más grandes antes de determinar si estos estados celulares pueden convertirse en biomarcadores clínicamente útiles.
Una investigación que combinó varias tecnologías
Para construir este mapa celular, el equipo no recurrió a una única técnica.
Los científicos combinaron secuenciación de ARN convencional, secuenciación de ARN de célula única, transcriptómica espacial, secuenciación de anticuerpos y citometría de masas (CyTOF).
La secuenciación de célula única permite estudiar la actividad genética de células individuales, mientras que la transcriptómica espacial añade información sobre dónde se encuentran esas células dentro del tejido.
Esta diferencia es fundamental. No basta con saber que un tumor contiene células B; también puede ser importante conocer con qué otras células están en contacto y en qué regiones del tumor se concentran.
La investigación utilizó muestras de melanoma y conjuntos de datos independientes para comprobar si determinados patrones aparecían de manera consistente. Para el análisis espacial se estudiaron muestras de nueve pacientes, con edades comprendidas entre 45 y 79 años, que incluían melanomas primarios, metástasis y muestras procedentes de ganglios linfáticos.
Además, uno de los conjuntos de datos utilizados para estudiar las células B después del tratamiento contenía muestras de 32 pacientes, con material obtenido antes y después de tratamientos con inhibidores de PD-1 y CTLA-4.
¿Por qué las células B pueden ser importantes en el cáncer?
Durante mucho tiempo, gran parte de la investigación sobre inmunoterapia contra el cáncer se ha concentrado en las células T, especialmente porque algunos tratamientos funcionan liberando los mecanismos que bloquean su actividad.
Las células B, en cambio, tienen funciones diferentes. Son conocidas principalmente por su capacidad para producir anticuerpos, pero también pueden interactuar con células T y células dendríticas y participar en la organización de respuestas inmunitarias dentro de los tumores.
El estudio de King’s College London aporta información sobre esa dimensión de la respuesta inmunitaria. Los investigadores encontraron células B con diferentes perfiles de anticuerpos y observaron que algunas poblaciones mantenían o adquirían determinados estados después de la inmunoterapia.
El análisis también encontró un uso destacado de anticuerpos de las familias IgG e IgA, mientras que determinadas poblaciones asociadas con interferón mostraban características relacionadas con IgM, IgD e IgG4.
El microambiente tumoral puede ser decisivo
Una de las ideas centrales de esta investigación es que un tumor no debe entenderse únicamente como una acumulación de células cancerosas.
A su alrededor existe un microambiente tumoral compuesto por células inmunitarias, vasos sanguíneos, células del tejido conjuntivo, moléculas de señalización y otros componentes que pueden influir en la evolución de la enfermedad y en la respuesta a los tratamientos.
En este contexto aparecen las estructuras linfoides terciarias, regiones organizadas donde pueden concentrarse células B, células T y células dendríticas.
Los investigadores encontraron que determinadas poblaciones de células B se localizaban dentro de estas estructuras y que sus interacciones con otras células inmunitarias aumentaban después de la inmunoterapia.
Esto podría ayudar a explicar por qué dos tumores aparentemente similares pueden presentar respuestas diferentes ante un mismo tratamiento.
¿Podría utilizarse para personalizar los tratamientos?
El potencial más importante del estudio está relacionado con el desarrollo futuro de biomarcadores.
Un biomarcador es una característica biológica que puede proporcionar información sobre una enfermedad, su evolución o la respuesta de un paciente a un tratamiento. En oncología, disponer de biomarcadores fiables puede ayudar a seleccionar tratamientos y evitar terapias que probablemente no produzcan el efecto esperado.
Actualmente, los investigadores de King’s College London señalan que todavía no existe un biomarcador fiable que permita predecir de manera general qué pacientes con melanoma responderán a la inmunoterapia.
Los patrones observados en las células B podrían convertirse en una pieza de ese rompecabezas, pero todavía hace falta comprobarlos en estudios más amplios.
Por eso, hablar de una futura «inmunoterapia personalizada» a partir de estos resultados debe entenderse como una posibilidad de investigación y no como una aplicación clínica disponible actualmente.
Los resultados también revelan una posible señal de resistencia
Uno de los aspectos que requiere mayor investigación es la presencia de células B enriquecidas en señales de interferón en determinados tumores de pacientes que no respondieron al tratamiento.
Los investigadores encontraron una mayor expresión de genes relacionados con interferones en ese grupo y observaron señales asociadas con las vías IFN-alfa e IFN-beta.
Pero el propio estudio establece una limitación importante: no demuestra que estas células B provoquen la resistencia a la inmunoterapia.
Los científicos indican que podrían estar contribuyendo a ella, pero también podrían ser simplemente un indicador de un entorno inflamatorio persistente en el que la respuesta inmunitaria es menos efectiva.
Esta distinción es fundamental porque encontrar una asociación entre dos fenómenos no demuestra que uno sea la causa del otro.
¿Qué falta por investigar?
Los autores reconocen varias limitaciones. Entre ellas se encuentra el tamaño relativamente reducido de algunas de las muestras utilizadas para los análisis de célula única, transcriptómica espacial, secuenciación de anticuerpos y CyTOF.
También existieron diferencias entre los conjuntos de datos empleados, tanto en las características de los pacientes como en los tratamientos y las técnicas de secuenciación.
Por esa razón, los investigadores plantean la necesidad de realizar estudios con cohortes más grandes y homogéneas, que permitan determinar qué patrones de células B aparecen de manera consistente y cuáles están realmente asociados con la respuesta al tratamiento.
También será necesario determinar si las células B identificadas tienen un papel activo en la respuesta o resistencia a la inmunoterapia o si simplemente reflejan otros procesos que están ocurriendo dentro del tumor.
Una nueva pieza en el estudio de la inmunoterapia
El trabajo dirigido desde King’s College London no representa por sí solo un nuevo tratamiento contra el melanoma. Su principal aportación es proporcionar una visión más detallada de cómo se comportan las células B dentro del tumor y cómo sus estados pueden cambiar durante la enfermedad y después de la inmunoterapia.
La investigación combina información molecular, espacial y clínica para mostrar que la respuesta inmunitaria dentro del melanoma es dinámica y está formada por múltiples poblaciones celulares que interactúan entre sí.
Si los resultados son confirmados en estudios más grandes, algunos de estos patrones podrían contribuir al desarrollo de herramientas para identificar las características de los tumores que responden a determinados tratamientos y avanzar hacia estrategias de inmunoterapia más personalizadas.
Por ahora, los propios investigadores mantienen una posición prudente: los hallazgos ofrecen nuevas pistas sobre la evolución de las células B, pero todavía se necesita más evidencia para establecer su utilidad como biomarcadores y determinar exactamente qué función desempeñan en la respuesta al tratamiento.




