Diana y Arcenio, quienes se movilizaban en moto, fallecieron tras chocar contra un objeto fijo.
La tarde del jueves 25 de diciembre se transformó en una escena de horror sobre la vía Chapetón, en zona rural de Ibagué, cuando una motocicleta terminó destruida tras chocar violentamente contra un objeto fijo. Lo que parecía un desplazamiento cotidiano acabó en tragedia absoluta, dejando a dos familias sumidas en el llanto y a una comunidad consternada por la brutalidad del impacto. En el lugar perdió la vida Diana Osa, quien viajaba como acompañante, mientras su cuerpo yacía sin signos vitales a un costado de la carretera, rodeado por la desesperación de testigos y curiosos.
El conductor del vehículo era Arcenio Figueroa Pinzón, de 38 años, quien quedó gravemente herido tras el choque. Debido a la severidad de las lesiones, fue trasladado de urgencia a la Clínica Tolima, donde minutos después se confirmó su fallecimiento, pese a los esfuerzos del personal médico. La motocicleta, identificada con placas OYO-91H, habría perdido el control por razones que aún no han sido establecidas oficialmente. La fuerza del impacto evidenció la vulnerabilidad de quienes se movilizan en este tipo de vehículos, especialmente en corredores rurales con condiciones variables y riesgos latentes.
Unidades del grupo de criminalística acudieron al sitio para adelantar la inspección técnica del cadáver de Diana Osa, así como la fijación fotográfica y la recolección de elementos materiales probatorios. Posteriormente, realizaron las diligencias correspondientes en el centro asistencial tras el deceso de Arcenio Figueroa Pinzón. El vehículo involucrado fue inmovilizado como parte del proceso judicial, mientras avanzan las investigaciones para esclarecer con exactitud las causas del siniestro. Las autoridades señalaron que, por ahora, la principal hipótesis apunta a una pérdida de control de la motocicleta.
El caso volvió a encender las alarmas sobre la accidentalidad vial durante la temporada de fin de año, periodo en el que se incrementa notablemente la movilidad en carreteras urbanas y rurales. Las autoridades reiteraron el llamado a la prudencia, al respeto por las normas de tránsito y a la responsabilidad individual al conducir. Esta tragedia no solo enluta a los allegados de las víctimas, sino que se suma a una dolorosa estadística que se repite cada diciembre.
En medio de celebraciones, música y encuentros familiares, la vía volvió a cobrar dos vidas, dejando una advertencia silenciosa pero contundente sobre los riesgos que acechan en cada kilómetro recorrido. La historia de Diana y Arcenio queda marcada como otro recordatorio del precio fatal de un segundo de descuido, mientras la comunidad exige mayor conciencia, prevención y compromiso para evitar que más nombres se sumen a la lista de tragedias viales que golpean a la ciudad.




