Orden judicial demanda solución definitiva para escenario deportivo abandonado hace años.
El futuro del estadio Guillermo Plazas Alcid vuelve al centro del debate tras una decisión judicial que exige acciones inmediatas para poner fin a una década de abandono. La orden, emitida en segunda instancia, obliga a las autoridades locales a garantizar un escenario deportivo en condiciones óptimas, sin más dilaciones ni excusas administrativas.
La determinación establece que el complejo debe ser intervenido de manera integral, ya sea mediante su recuperación estructural o a través de una demolición completa que permita levantar una nueva infraestructura, incluso en otro punto de la ciudad si así lo recomiendan los estudios técnicos. La instrucción no fija una única salida, pero sí impone la obligación de definirla con rigor.
En ese sentido, la Alcaldía de Neiva y la Gobernación del Huila deberán contratar conjuntamente un análisis técnico y urbanístico que, en un plazo máximo de un año, determine la viabilidad del proyecto. A partir de allí, se deberán estructurar diseños, presupuestos y cronogramas, con un límite de cinco años para la ejecución total de las obras.
El proceso judicial tiene su origen en una acción popular impulsada en 2021 por el entonces personero Kleiber Oviedo, hoy mandatario de Palermo, junto a un grupo académico de la Universidad Surcolombiana. Los demandantes argumentaron que el deterioro del escenario vulnera derechos colectivos como el acceso al espacio público y la protección del patrimonio estatal.
Cabe recordar que la crisis del estadio se remonta a 2016, cuando el colapso de una estructura en la tribuna occidental dejó víctimas fatales y frenó por completo las obras, en las que ya se habían invertido millonarios recursos.
El fallo también redefine responsabilidades: la Alcaldía asume el mayor peso en las fallas detectadas, mientras que otras entidades deberán aportar apoyo técnico y financiero. Sin embargo, más allá del mandato judicial, el verdadero desafío será convertir esta orden en una obra real, evitando repetir errores del pasado.
Hoy, más que una infraestructura inconclusa, el estadio representa una deuda histórica con el deporte y la ciudadanía. Su destino, ahora, dependerá de decisiones técnicas acertadas y de una ejecución transparente que responda a la magnitud del reto.




