En medio de aplausos protocolarios y discursos cargados de optimismo institucional, la Asamblea Departamental del Huila aprobó en segundo debate el Proyecto de Ordenanza No. 040 de 2025, que adiciona más de $30.522 millones al presupuesto departamental. La decisión, lejos de cerrar filas, abrió una grieta política y social: $18 mil millones de esos recursos fueron destinados al INDERHUILA para cofinanciar la remodelación del estadio Guillermo Plazas Alcid, escenario emblemático de Neiva que lleva casi una década sumido en el abandono.
La ponencia del proyecto estuvo a cargo de la diputada Victoria Castro, quien defendió la asignación argumentando que el deporte es un motor de desarrollo, inclusión y cohesión social. Sin embargo, su postura no tardó en generar críticas dentro y fuera del recinto. Para varios sectores ciudadanos y líderes sociales, la decisión refleja una desconexión con las prioridades reales del departamento, donde persisten falencias estructurales en salud, educación, vías rurales y acceso a servicios básicos.
Prioridades
El cuestionamiento central no gira alrededor del deporte, sino del momento y la magnitud de la inversión. ¿Era urgente destinar $18 mil millones a un estadio cuando hospitales reclaman recursos, escuelas rurales carecen de infraestructura y comunidades campesinas siguen aisladas por el mal estado de las vías? Para los críticos, la respuesta es evidente y deja mal parada a la dirigencia política.
Aunque la diputada Castro insiste en que se trata de una apuesta estratégica y no de un capricho, sus detractores señalan que el Plazas Alcid se ha convertido en un símbolo incómodo: múltiples anuncios, contratos inconclusos y promesas que nunca se materializaron. En ese contexto, la nueva inyección presupuestal despierta más escepticismo que esperanza.
Promesas que pesan
El director de INDERHUILA, Felipe Victoria, aseguró que los recursos no generarán endeudamiento y que la entidad aportará otro 50% del proyecto con recursos propios. No obstante, la experiencia previa pesa. La ciudadanía recuerda que el estadio ha sido objeto de renders vistosos, actos simbólicos y titulares grandilocuentes, mientras la obra real permanece estancada.
Desde algunos sectores deportivos el anuncio se recibe con cautela. Entrenadores y atletas reconocen la necesidad de contar con escenarios dignos, pero advierten que ya no basta con anuncios. “Queremos ver maquinaria, cronogramas claros y resultados, no más discursos”, señaló un formador deportivo de Neiva.
El costo político
Victoria Castro afirma que esta vez será diferente y que su respaldo al proyecto responde a un compromiso con la juventud y el deporte huilense. Sin embargo, la apuesta no es menor. La confianza pública está en juego y el margen de error es mínimo. Si el proyecto vuelve a naufragar, el costo político recaerá directamente sobre quienes hoy lo defienden.
El Guillermo Plazas Alcid no solo es un estadio; es el reflejo de una forma de hacer política. Hoy, con millones aprobados y prioridades discutidas, la pregunta queda abierta: ¿será esta la obra que marque un punto de quiebre o simplemente otro capítulo de promesas costosas y resultados pendientes en el Huila?


