¿Es mejor cocinar con grasa de cerdo? la manteca de cerdo frente a las grasas ultraprocesadas

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La manteca de cerdo ha vuelto a las cocinas de muchas familias, pero ¿realmente es una opción más saludable que algunas grasas industriales? Expertos explican las diferencias y qué recomienda la evidencia científica.

Durante décadas, la grasa natural de cerdo, conocida como manteca, fue reemplazada en muchos hogares por margarinas, mantecas vegetales industriales y otros productos procesados que prometían ser más saludables. Sin embargo, en los últimos años este ingrediente tradicional ha recuperado protagonismo, impulsando un debate sobre cuál es la mejor opción para cocinar.

Los especialistas en nutrición aclaran que no todas las grasas son iguales y que la respuesta depende del tipo de producto que se compare.

Una grasa natural con menor procesamiento

La manteca de cerdo se obtiene directamente del tejido adiposo del animal mediante un proceso de cocción y filtrado. Al ser un producto poco procesado, conserva su composición natural y no requiere los procesos industriales utilizados para fabricar algunas grasas vegetales sólidas.

Su composición incluye una mezcla de grasas saturadas, monoinsaturadas y poliinsaturadas. Una parte importante corresponde al ácido oleico, el mismo tipo de grasa monoinsaturada presente en el aceite de oliva, aunque en menor proporción.

La diferencia con las grasas industriales

Durante muchos años fueron comunes las grasas parcialmente hidrogenadas utilizadas en margarinas antiguas, productos de panadería y alimentos ultraprocesados. Ese proceso industrial generaba grasas trans, relacionadas con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular.

Frente a esas grasas trans, la manteca de cerdo representa una mejor alternativa porque no contiene grasas trans producidas por hidrogenación. Precisamente por ello, numerosos países han restringido o eliminado el uso de grasas trans industriales en los alimentos.

No obstante, esto no significa que la manteca de cerdo sea superior a todos los aceites vegetales.

¿Qué ocurre con los aceites vegetales?

Los aceites de oliva, canola, girasol, aguacate y soya contienen principalmente grasas insaturadas, ampliamente recomendadas por organizaciones de salud para proteger el corazón cuando sustituyen grasas saturadas.

Por ello, los nutricionistas consideran que estos aceites siguen siendo una excelente opción para cocinar y preparar alimentos dentro de una dieta equilibrada.

El error más común es pensar que todos los aceites comerciales son iguales o que todos contienen altas cantidades de grasas saturadas, lo cual no corresponde a la realidad.

La clave está en la moderación

Como cualquier grasa, la manteca de cerdo aporta una alta cantidad de calorías y contiene grasas saturadas, por lo que su consumo debe ser moderado, especialmente en personas con enfermedades cardiovasculares, colesterol elevado o factores de riesgo metabólico.

Lo más importante es el patrón general de alimentación. Una dieta rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, pescado, frutos secos y grasas saludables tiene un impacto mucho mayor sobre la salud que el uso ocasional de un tipo específico de grasa para cocinar.

¿Cuál es la mejor elección?

Los especialistas coinciden en que la manteca de cerdo puede formar parte de una alimentación equilibrada si se utiliza con moderación y en sustitución de grasas ultraprocesadas que contienen ingredientes de baja calidad. Sin embargo, cuando se compara con aceites vegetales ricos en grasas insaturadas, como el aceite de oliva o el de canola, la evidencia científica continúa favoreciendo a estos últimos por sus beneficios para la salud cardiovascular.

En conclusión, la grasa natural de cerdo no debe considerarse un alimento «malo» ni tampoco una solución milagrosa. La mejor estrategia sigue siendo privilegiar alimentos frescos, limitar el consumo de ultraprocesados y elegir fuentes de grasa de buena calidad dentro de una dieta variada y equilibrada. Más que un ingrediente aislado, es el conjunto de los hábitos alimentarios el que determina el impacto sobre la salud a largo plazo.


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