«Entre la gente de Ortega hay grietas que hay que remarcar hasta que se rompan»: Juan Sebastián Chamorro, líder opositor nicaragüense en el exilio

El excandidato presidencial nicaraguanse Juan Sebastián Chamorro fue uno de los 222 opositores que en febrero de 2023 el gobierno de Daniel Ortega deportó por considerarlos “traidores a la patria”.
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Desde 2021, tras anunciar su candidatura a la presidencia, Chamorro había estado en prisión.

Dice que fue detenido arbitrariamente y sufrió tratos inhumanos, amenazas e interrogatorios constantes.

Ahora, desde el exilio y despojado de su nacionalidad, se dedica a denunciar las «atrocidades» del gobierno de Ortega y a buscar el apoyo de la comunidad internacional.

En entrevista con BBC Mundo, Chamorro habló sobre la situación de los presos políticos, la figura de Ortega, presidente de 1985 a 1990 e ininterrumpidamente desde 2007, y su llamado a que se amplíen las sanciones contra el gobierno.

Además, se refiere a las limitaciones que tiene llevar un liderazgo en el exilio y reconoce los fallos que la oposición ha tenido en la búsqueda de un cambio en Nicaragua.

Chamorro es economista, y pertenece a una familia de la que han surgido cinco presidentes de Nicaragua, incluyendo a su tía Violeta Barrios de Chamorro.

En el exilio es investigador del Instituto Kellogg de Estudios Internacionales de la Universidad de Notre Dame, en EE.UU.

BBC Mundo entrevistó a Chamorro en Londres, donde se reunió con un grupo de parlamentarios británicos interesados en tener evidencias sobre las denuncias de violaciones de derechos humanos en Nicaragua.

El 29 de febrero, la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los DD.HH. publicó un informe en el que sostiene que el «gobierno de Nicaragua sigue perpetrando graves violaciones sistemáticas de los derechos humanos, equivalentes a crímenes de lesa humanidad… dirigidos a civiles, incluidos niños y estudiantes, con fines políticos».

¿Cuál es el panorama actual en Nicaragua?

Es una situación en la cual Ortega ha sido capaz de infligir la mayor cantidad de miedo y terror posible de la población.

Hay encuestas recientes que dicen que la inmensa mayoría de los nicaragüenses no quieren hablar de política por temor a represalias.

La participación ciudadana ha quedado reducida, se ha cancelado a cerca de 3.500 ONG, no hay medios independientes, no hay Estado de derecho, y por el mínimo nivel de expresión pública puedes caer preso.

Cerró la Academia de la Lengua. Canceló hasta los Boys Scouts.

Todo lo que signifique un espacio intelectual, político, cultural, económico, cualquier cosa que se le interponga en su plan de dominio político, lo arrasa.

Dentro de ese escenario, ¿cuál es el tema que más te preocupa?

Diría que los presos políticos, porque es un tema de riesgo inminente.

En los últimos años han muerto presos políticos bajo custodia de la dictadura.

Recientemente murió Michael Healy, un compañero que viajó con nosotros en el vuelo en el que salimos 222 presos políticos de Nicaragua.

Él fue confiscado, desterrado, sufrió mucho en la cárcel, murió de un ataque cardiaco. Obviamente esas son secuelas.

Hay más de121 presos políticos en este momento.

Están en condiciones muy duras.

Y los familiares no se sienten con la posibilidad de denunciarlo, por temor a represalias.

También está el tema de cómo enfrentar esta dictadura, que tiene grandes aliados.

Y aquí es donde juega un papel importante Venezuela, Cuba, Putin, Irán… Todo este ecosistema de dictadores que se comparten tecnologías.

Si uno ve las leyes supuestamente antifinanciamiento extranjero que han arrasado con las ONG, las implementó Putin y las copió al carbón Ortega.

Estamos viendo que [Nicolás] Maduro [en Venezuela] está haciendo cosas que Ortega ya hizo, y esto es una prueba de que todos estos sujetos se están compartiendo las cartas para hacer sus maldades en cada uno de sus países.

Es casi como una copia al carbón la forma en que Maduro se está burlando de la comunidad internacional. Está inhabilitando candidatos, como Ortega lo hizo conmigo.

Es sorprendente el nivel de paralelismo que uno encuentra en cada uno de estos de estos países.

La muerte, el asesinato diría yo, de [el líder opositor Alexei] Navalny [en Rusia] también me hace responderte el tema de los presos políticos.

Y en un contexto más amplio, está el tema de seguir haciendo a Ortega y su familia responsable por el delito de lesa humanidad de eliminarnos la ciudadanía.

Ha dejado una evidencia clarísima en la comisión de ese delito. Creo que Ortega se equivocó y nos ha dejado sobre la mesa una causa que podemos retomarla y devolvérsela en una forma de acusación ante la Corte Internacional de Justicia, por ejemplo.

Hay otros delitos que son más atroces, como el asesinato, y Ortega ha asesinado más de 350 nicaragüenses*.

[*Se refiere a que al menos 355 personas murieron durante la represión de las protestas en Nicaragua desde abril de 2018 hasta julio de 2019, según la CIDH].

Y en realidad esa debería ser la principal causa que se debería impulsar, pero obviamente la recolección de evidencia es más difícil.

En el caso de la eliminación de las nacionalidades, y ahí es donde él comete el error, deja una traza de evidencia fácilmente reconocible y admitida por él mismo.


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