EL SILENCIO QUE TERMINÓ

EL SILENCIO QUE TERMINÓ
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La casa parecía un lugar común. Una televisión encendida, las habitaciones de siempre y una tarde que transcurría sin señales de que algo pudiera romper la rutina. Pero, detrás de aquellas paredes, una menor de edad cargaba con un secreto demasiado pesado para sus años.

Tenía 14 años cuando, según la Fiscalía, comenzaron los abusos. La adolescente, quien presenta discapacidad cognitiva, habría sido sometida sexualmente en su propia vivienda, en el sur de Neiva. El presunto agresor, Henry Rojas Artunduaga, de 48 años, habría aprovechado momentos en los que ella permanecía sola para acercarse y someterla.

Después vendrían el miedo y las amenazas. La Fiscalía sostiene que el hombre habría intimidado a la menor para evitar que contara lo ocurrido, llegando incluso a amenazar con atentar contra su madre. También, según la acusación, le entregaba pequeñas sumas de dinero con la intención de comprar su silencio. El tiempo pasó y aquella historia permaneció escondida. Hasta que el cuerpo de la adolescente habló por ella.

Cuando la familia descubrió que estaba embarazada, el silencio comenzó a resquebrajarse. Fue entonces cuando la menor contó a su madre lo que, presuntamente, venía ocurriendo. La noticia transformó la angustia en una denuncia y llevó el caso hasta las autoridades.

Según lo expuesto por la Fiscalía durante la audiencia de acusación, el procesado habría intentado que la adolescente interrumpiera el embarazo y le habría ofrecido conseguir medicamentos para hacerlo. Ella, acompañada por su madre, decidió continuar con la gestación. El bebé nació posteriormente.

Ahora, aquella historia que permaneció oculta durante meses se encuentra frente a los jueces. Rojas Artunduaga permanece privado de la libertad y enfrenta una acusación por acceso carnal violento. Durante las diligencias preliminares no aceptó el cargo.

La Fiscalía anunció que llevará al juicio testimonios de la víctima y de integrantes de su familia, además de entrevistas especializadas y pruebas de genética forense que serán incorporadas al proceso. Mientras la justicia avanza, queda una pregunta que trasciende los expedientes: ¿cuánto tiempo puede soportar un niño un secreto que nunca debió cargar? La respuesta, en este caso, llegó cuando el silencio dejó de ser una opción.


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