Cada día, miles de visitantes provenientes de todos los rincones del planeta se agolpan frente a la emblemática Fontana di Trevi, en pleno corazón de Roma. Cumpliendo con la famosa tradición popular, le dan la espalda al monumento barroco y lanzan una moneda con la mano derecha sobre el hombro izquierdo, con el anhelo de asegurar su regreso a la «Ciudad Eterna». Sin embargo, muy pocos de esos turistas conocen el destino final de las fortunas que quedan sumergidas en sus aguas.
Detrás de este ritual turístico se esconde una gigantesca operación de solidaridad urbana. Desde el año 2006, mediante un acuerdo formal suscrito con el Ayuntamiento de Roma, la recolección y administración de este dinero está a cargo de la organización humanitaria Cáritas Roma.
Tres veces por semana, antes de las ocho de la mañana y con la plaza casi vacía, un equipo especializado de la empresa municipal de agua y energía lleva a cabo el proceso de recolección bajo una estricta supervisión policial. Con potentes mangueras de succión y escobas, las monedas son agrupadas, extraídas del fondo de la fuente, secadas, clasificadas y contadas.
Las cifras detrás de este gesto de superstición son francamente asombrosas:
Según balances oficiales acumulados, en el monumento se recolectan entre 1,3 y 1,6 millones de euros al año (más de 1,4 millones de dólares).
El 100 % de estos fondos se destina a financiar comedores comunitarios, redes de albergues nocturnos, supermercados solidarios y programas de reinserción laboral para personas en condición de extrema pobreza y habitantes de calle en la capital italiana.
La historia del dinero de la Fontana di Trevi también tiene sus episodios de polémica. Durante décadas, un recordado habitante de calle conocido popularmente como «D’Artagnan» se sumergía de madrugada en la fuente para recolectar las monedas con un imán artesanal, convirtiendo este acto en su medio de subsistencia. Su caso desató un intenso debate jurídico sobre la propiedad de las donaciones informales, lo que llevó al gobierno local a normar y blindar la entrega total de los recursos a la Iglesia y las organizaciones benéficas.
Hoy en día, cada moneda lanzada con un deseo personal se transforma en un plato de comida o un techo digno para quienes más lo necesitan en Roma.




