Retomar los estudios después de años de haber abandonado las aulas sigue siendo uno de los mayores desafíos para cientos de mujeres que buscan mejorar sus oportunidades laborales, fortalecer su autonomía y cumplir metas que quedaron aplazadas por diferentes circunstancias de la vida.
Las responsabilidades de cuidado, la maternidad temprana, las dificultades económicas y las tareas del hogar suelen convertirse en barreras que dificultan la permanencia en los procesos educativos. Por ello, además de la formación académica, cada vez cobran mayor importancia los espacios de acompañamiento emocional que permiten fortalecer la confianza y reducir los factores que llevan a la deserción.
Con ese propósito se desarrolló recientemente un círculo de cuidado dirigido a mujeres vinculadas a los Modelos Flexibles de Educación, una estrategia que busca apoyar a quienes cursan sus estudios en modalidad extraescolar. Más allá de una actividad institucional, el encuentro se convirtió en un espacio para compartir experiencias, reconocer dificultades comunes y reafirmar proyectos de vida que giran alrededor de la educación.
Durante la jornada, las participantes reflexionaron sobre los obstáculos que enfrentan para mantenerse en el sistema educativo y las alternativas para continuar avanzando hacia la culminación de sus estudios. El espacio incluyó actividades de acompañamiento psicosocial, diálogo colectivo y fortalecimiento personal.
Entre las asistentes estuvo Lucero Limas, quien actualmente trabaja para culminar su bachillerato y proyecta continuar su formación profesional. Su historia refleja la realidad de muchas mujeres que encuentran en la educación una posibilidad de crecimiento personal y de servicio a sus comunidades.
Especialistas en temas de equidad han señalado que garantizar la permanencia educativa de las mujeres no solo impacta sus proyectos individuales, sino que también genera efectos positivos en sus familias y entornos sociales. Cada proceso educativo culminado representa mayores oportunidades de participación, mejores condiciones económicas y una reducción de brechas históricas de desigualdad.
Por ello, iniciativas que combinan educación y acompañamiento emocional buscan responder a una realidad que va más allá de las aulas: la necesidad de que más mujeres puedan concluir sus estudios sin que las cargas familiares o sociales se conviertan nuevamente en una razón para abandonar sus sueños.


