El papel de la juventud en la transformación política y social de Colombia

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Por: Laura Cabanzo

La juventud colombiana se ha consolidado en los últimos años como un actor central en los procesos de cambio político y social del país. Las protestas, movilizaciones y expresiones culturales protagonizadas por jóvenes han evidenciado no solo un profundo inconformismo con el estado actual de las cosas, sino también una creciente conciencia política y un deseo de participación activa en la construcción del futuro nacional.

Durante décadas, los jóvenes fueron vistos como un sector apático frente a la política institucional. Sin embargo, esta percepción ha cambiado radicalmente. El estallido social de 2021 marcó un punto de inflexión, mostrando a una generación cansada de la desigualdad, la corrupción, la falta de oportunidades laborales y un sistema educativo que no garantiza movilidad social. Las calles se convirtieron en espacios de debate, resistencia y visibilización de problemáticas históricamente ignoradas.

Uno de los principales problemas que enfrenta la juventud es el desempleo. Las tasas de desocupación juvenil en Colombia superan ampliamente el promedio nacional, y quienes logran acceder al mercado laboral suelen hacerlo en condiciones de informalidad y precariedad. Esta situación genera frustración, pero también impulsa a muchos jóvenes a cuestionar el modelo económico y a exigir políticas públicas más inclusivas.

En el ámbito político, aunque cada vez más jóvenes participan en elecciones y espacios de representación, aún existen barreras significativas. La política tradicional sigue dominada por élites que dificultan el relevo generacional. Además, la violencia política y la estigmatización de la protesta social han limitado la participación juvenil, especialmente en regiones periféricas.

No obstante, la juventud ha encontrado nuevas formas de incidencia a través de redes sociales, colectivos culturales, organizaciones comunitarias y movimientos estudiantiles. Estas expresiones no solo amplían el debate democrático, sino que también cuestionan las formas tradicionales de hacer política, proponiendo modelos más horizontales y participativos.

Para que el potencial transformador de la juventud se materialice, el Estado debe asumir un compromiso real con este sector. Esto implica invertir en educación de calidad, generar empleo digno, garantizar espacios de participación y proteger el derecho a la protesta. Ignorar a la juventud no solo es injusto, sino peligroso para la estabilidad democrática del país.


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