En el Valle del Cauca, y con mayor fuerza en Cali, el consumo de vaper ha subido como humo en concierto. El cigarrillo electrónico, que muchos ven como moda juvenil, viene acompañado de otra estadística en alza: la disfunción eréctil. Sí, la llamada sucursal del cielo ahora carga con un apodo menos ostentoso: el municipio de los pipis caídos.
El secretario de Salud de Cali, Germán Escobar Morales, no oculta su preocupación. Entre comunicados y reuniones, busca nuevas estrategias para enfrentar un fenómeno que no solo afecta la salud respiratoria, sino también la vida íntima de miles de caleños. La ironía es que mientras los jóvenes entre 21 y 38 años se sienten modernos con sus nubes de vapor, las cifras muestran que la moda puede terminar apagando más que cigarrillos.
La situación ha generado comentarios jocosos en diferentes redes sociales: algunos dicen que el vaper debería venderse con advertencia explícita, no de pulmones negros, sino de “batería descargada”. Otros aseguran que Cali en unos años ya no sera la capital de la salsa, sino la capital del humo y la impotencia.
Lo cierto es que la mezcla de consumo desmedido y falta de conciencia está dejando una marca difícil de ignorar. El cielo caleño se llena de vapor, pero la tierra se llena de preocupaciones.




