El futuro del Morro de Tulcán: entre la historia indígena y la memoria republicana

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En medio de discusiones sobre el pasado y la identidad cultural del país, el Morro de Tulcán vuelve a ser tema de debate en Popayán. Este sitio arqueológico, considerado sagrado por comunidades indígenas, fue intervenido en 1937 con la instalación de una estatua ecuestre de Sebastián de Belalcázar, figura controvertida por su rol en la conquista y colonización de América.

Desde que la estatua fue derribada por una protesta indígena en 2020, el lugar ha permanecido como un símbolo de tensión entre dos visiones de la historia: la oficial y la ancestral. Ahora, nuevas propuestas buscan transformar el Morro en un espacio de reconciliación, donde se reconozca tanto su valor indígena prehispánico como los múltiples relatos que conforman la historia de Colombia.

Líderes indígenas, académicos, artistas y ciudadanos han planteado ideas como la creación de un centro de memoria intercultural, intervenciones artísticas comunitarias y espacios educativos permanentes sobre la historia del Cauca y sus pueblos originarios.

“El Morro no debe seguir siendo un lugar de imposición, sino de encuentro”, afirma un representante del CRIC (Consejo Regional Indígena del Cauca). Desde la Alcaldía, se ha expresado disposición para dialogar y construir colectivamente una solución que respete todas las memorias.

El debate continúa abierto, pero el consenso crece en torno a un objetivo común: que el Morro de Tulcán sea un símbolo de convivencia y respeto por la diversidad histórica y cultural que habita en el país.


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