EL DRAMA DE VIVIR BAJO LA LLUVIA

VIVIR BAJO LA LLUVIA
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Patricia Gutiérrez vive el infortunio de la pobreza; cada aguacero es una amenaza.

Cuando cae la lluvia en Neiva, para muchos es solo un cambio de clima. Para Doña Patricia, en el barrio Dolcey Andrade, es el inicio de una angustia que se repite cada vez que el cielo se oscurece. Las gotas no solo golpean el techo de su pequeño rancho: se cuelan sin permiso, recorren las paredes y terminan empapando lo poco que tiene.

Su vivienda, levantada con tablas desgastadas, plásticos y láminas improvisadas, apenas resiste el paso del tiempo. Cada invierno la pone a prueba. En las noches de tormenta, el sonido del agua filtrándose la obliga a permanecer despierta, moviendo recipientes para recoger las goteras y tratando de proteger sus pertenencias.

“Hay días en los que no sé dónde resguardarme”, cuenta con voz entrecortada. Su realidad es la de muchas familias invisibles, pero en su caso, la precariedad ha llegado a un punto crítico: el techo amenaza con ceder en cualquier momento.

Inclemencias

Doña Patricia no solo enfrenta las inclemencias del clima, también la incertidumbre diaria de no contar con recursos para mejorar su vivienda. Sin ingresos estables, cualquier arreglo resulta inalcanzable. Aun así, no pierde la esperanza de que alguien escuche su historia.

Llamado

Vecinos del sector aseguran que su situación es conocida, pero las ayudas no han sido suficientes. Por eso, hoy hacen un llamado a la solidaridad de la comunidad, de instituciones y de quienes puedan tenderle una mano. Su historia refleja el abandono que aún enfrentan muchas familias vulnerables en distintos sectores de la ciudad.

Más que materiales, Doña Patricia necesita una oportunidad para vivir con dignidad. Un techo seguro que no se derrumbe con cada aguacero, una noche de descanso sin miedo a la lluvia. Patricia se puede ubicar afuera del banco Occidente, en la calle 7 # 06-75, frente al parque Santander.


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