Los municipios de Caldono y Silvia, tradicionalmente conocidos por su riqueza cultural indígena y su vocación agrícola, se han convertido en un nuevo y trágico escenario del enfrentamiento entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las disidencias de las Farc. La disputa territorial, que busca el control de las economías ilícitas y las rutas estratégicas, ha sumido a estas comunidades en una crisis humanitaria.
Los recientes combates han obligado a decenas de familias, en su mayoría de pueblos indígenas, a desplazarse de sus hogares para protegerse de las balas. La comunidad ha denunciado la presencia de grupos armados en sus territorios ancestrales, que siembran el miedo y amenazan su seguridad, su autonomía y sus tradiciones. El conflicto no solo afecta a las personas, sino que también interrumpe las actividades cotidianas, como el acceso a la educación y a los servicios de salud.
Las autoridades y las organizaciones de derechos humanos han hecho un llamado urgente al gobierno nacional para que intervenga de manera efectiva, garantizando la protección de los civiles y el respeto por los derechos humanos en la zona. El silencio y la inacción ante esta nueva escalada de violencia no solo ponen en riesgo a las comunidades de Caldono y Silvia, sino que también representan una amenaza para la estabilidad y la paz en el norte del Cauc




