En el Cauca, diciembre no solo trae celebraciones, sino también un aumento silencioso de afectaciones a la salud mental, especialmente entre jóvenes. Psicólogos y orientadores comunitarios alertan que, lejos del ambiente festivo aparente, este mes intensifica sentimientos de ansiedad, tristeza y presión social.
Para muchos jóvenes, diciembre confronta realidades difíciles: falta de empleo, expectativas familiares, comparación social en redes y la percepción de no haber alcanzado metas personales durante el año. Estas cargas emocionales se intensifican en contextos donde la precariedad económica limita proyectos de vida.
Testimonios recogidos en municipios del departamento indican que algunos jóvenes se sienten excluidos de la narrativa colectiva de “fin de año feliz”. Mientras otros celebran, ellos enfrentan frustración, conflictos familiares o duelos no resueltos.
Especialistas señalan que la presión por “estar bien” en diciembre dificulta que los jóvenes expresen malestar. Esto lleva a que muchos silencien sus emociones y eviten buscar ayuda, incrementando el riesgo de crisis emocionales.
El consumo de alcohol y sustancias también aparece como un factor de riesgo, usado como mecanismo de escape emocional. En algunos casos, esta conducta deriva en conflictos familiares, accidentes o problemas legales.
La falta de espacios comunitarios de escucha y acompañamiento agrava el problema, especialmente en zonas rurales y periféricas. La salud mental sigue siendo un tema estigmatizado, tratado como debilidad y no como un asunto de bienestar colectivo.
Expertos advierten que normalizar estas conversaciones y fortalecer redes de apoyo es clave. Diciembre, más que exigir alegría obligatoria, debería ser un periodo para reconocer y atender las realidades emocionales que atraviesan a la juventud caucana.


