Lo de Deportivo Pasto ya no es una anécdota, es una tendencia. . Por tercer partido consecutivo, el equipo nariñense dejó escapar puntos vitales en el último suspiro. Esta vez, Atlético Nacional le arrebató el empate al minuto 90+14 con un penal ejecutado con categoría por Jorman Campuzano, dejando al equipo volcánico con una sensación de déjà vu dolorosa y frustrante. Todo apunta a un problema recurrente en el banquillo: René Rosero.
El interinato de Rosero ha pasado de ser una medida de emergencia a una pesadilla. Bajo su gestión, el equipo no solo ha perdido identidad y solidez, sino que ha mostrado una alarmante incapacidad para cerrar partidos. La estadística es contundente: en los últimos tres encuentros, Deportivo Pasto ha sido igualado en el marcador en los minutos finales, dejando escapar seis puntos que hoy lo alejan peligrosamente de la clasificación.
Más preocupante aún es el manejo táctico de Rosero. En el partido ante Nacional, con una posesión del 61% y 17 remates, Pasto no supo traducir su dominio en una victoria clara. La defensa, sin orden ni liderazgo, permitió que el rival con apenas 10 disparos (y solo el 39% de la posesión) encontrara el empate en la última jugada del encuentro. ¿Dónde está el trabajo técnico? ¿Dónde la lectura de partido?
Los números no mienten, y en este caso, son lapidarios: 18 faltas cometidas, 8 tarjetas amarillas son reflejo de un equipo que juega al límite, sin control emocional ni dirección clara. Un equipo que reacciona más de lo que propone, que improvisa más de lo que planifica. En resumen, un equipo a la deriva. Y todo esto bajo la supuesta conducción de René Rosero, un técnico que ha demostrado no estar a la altura del reto.
La hinchada, que acompañó en las tribunas, empieza a perder la paciencia. Los hinchas exigen un cambio urgente en el banquillo. Deportivo Pasto requiere un director técnico de verdad, con ideas claras, liderazgo y capacidad de gestión. No un «tapahuecos» institucional que repite errores sin corregir nada.
Rene Rosero podrá ser un hombre de la casa, incluso respetado internamente, pero su ineficacia en el cargo es insostenible. Su rol como técnico ha sido más decorativo que funcional. La falta de reacción ante la presión rival, los cambios tardíos y las decisiones técnicas inexplicables, son prueba de un libreto agotado y un rumbo extraviado. Pasto no puede seguir hipotecando su temporada en manos de la improvisación.



