La jueza cuarta penal del circuito de Florencia, Caquetá, Marianela Cabrera Mosquera, atraviesa un proceso disciplinario luego de que se conocieran varios videos suyos en la red social TikTok, en los que comparte aspectos de su vida personal y participa en tendencias de la plataforma. Aunque el contenido no guarda relación con su rol judicial, la investigación ha generado un fuerte debate nacional en torno a la intimidad, el derecho al libre desarrollo personal y los estándares de comportamiento que se exigen a las mujeres en la justicia.
Defensa de su gestión
Cabrera Mosquera ha sido enfática en defender su desempeño profesional, asegurando que su labor como jueza no se ha visto afectada por su actividad en redes sociales. Para respaldar su posición, citó cifras oficiales del Consejo Superior de la Judicatura que evidencian un índice de evacuación de procesos del 114% en diciembre de 2023 y del 137% en diciembre de 2024.
“Por tener un hobby personal no se puede decir que incumplo mis funciones. Las cifras son públicas, verificables y constatables”, aseguró la funcionaria, quien recalcó que los resultados en su gestión están disponibles y son prueba de su responsabilidad.
Asimismo, cuestionó la pertinencia de la investigación en su contra, sugiriendo que más que un proceso disciplinario, se trata de un juicio moral que busca imponer estereotipos y limitar la autonomía de las mujeres dentro del poder judicial.
Denuncia de persecución
Durante un pronunciamiento público, Cabrera describió la investigación como una persecución que vulnera sus garantías fundamentales. “Me preguntaba, ¿y yo a quién maté? Tener un hobby personal es un pecado, ¿qué es?”, expresó con tono crítico al referirse al volumen de pruebas solicitadas en su contra.
Aseguró que rompió el silencio porque considera inaceptable que las mujeres en la justicia deban ser sometidas a modelos de conducta rígidos y desiguales. “Ningún hombre me va a violentar bajo la comodidad de mi silencio”, declaró.
La jueza también reveló que, tras la visibilización de su caso, ha recibido mensajes de otras mujeres vinculadas al sistema judicial que le han manifestado situaciones similares de hostigamiento, lo que, según ella, demuestra que su situación no es aislada, sino parte de un patrón más amplio de discriminación.
El caso de Marianela Cabrera ha abierto un debate sobre los límites entre la vida privada y el ejercicio público de la función judicial. Mientras algunos sectores sostienen que los jueces deben mantener una imagen intachable en lo personal, otros defienden que lo esencial es la transparencia y la eficacia en el cumplimiento de sus funciones.



