Santiago Ocampo ya suma tres procesos de liderazgo estudiantil, una curul como consejero municipal de juventud y una convicción que repite como bandera: la política solo tiene sentido si resuelve la vida de las personas. Estudiante de Estudios Políticos y Resolución de Conflictos en la Universidad del Valle, Ocampo hoy representa al Partido Alianza Verde en el Consejo Municipal de Juventud (CMJ) de Palmira, tras haber encabezado, junto a un grupo de compañeros, la lista más votada del municipio en las más recientes elecciones juveniles.
Su historia en la vida pública no nació con una campaña, sino con la costumbre de servir. Contralor y luego personero de su colegio, en la I.E. técnico industrial Humberto Raffo Rivera de Palmira, Ocampo fundó allí Noti Raffo, uno de los primeros noticieros estudiantiles audiovisuales del municipio, pensado para dar espacio a estudiantes interesados en el periodismo, la escritura y la comunicación dentro de un colegio orientado a lo técnico. El proyecto, reconoce, tuvo un relevo generacional difícil, pero sentó una base: la de construir espacios donde otros jóvenes pudieran expresarse.
Fue en ese tránsito estudiantil donde conoció a Alexis Chacón, extraordinario personero años atrás, quien lo acercó al equipo de la Política de la Felicidad, la corriente juvenil nacida en 2010 en la Universidad del Valle de la mano de Duvalier Sánchez y que hoy es parte activa del Partido Verde en Palmira. Allí, junto a Valeria Marín y Kamila Urreste—también personeras de sus colegios— y con el respaldo de líderes como Juan Carvajal, Ocampo empezó a construir un equipo propio de jóvenes.
Ese equipo, ampliado luego con Juan Etayo (Juanes), Juan Fernando, María Paula y otros líderes juveniles de distintos colegios de Palmira, fue el que sostuvo la candidatura al CMJ. Sin financiación externa significativa, organizaron bingos y actividades de recolecta para costear volantes y transporte, y recorrieron cerca de quince instituciones educativas dictando talleres sobre qué es el CMJ y cómo participar en las asambleas de juventud. «Nosotros mismos nos arriamos», resume Ocampo sobre una campaña de tres meses compaginada con el primer semestre universitario.
En el trayecto hubo tensiones internas propias de cualquier proceso de partido a la hora de definir quién encabezaría la lista. Ocampo prefiere no detenerse en esos roces y, en cambio, destaca la manera en que el equipo cerró filas: respaldaron sin reservas a Paula Castrillón, la candidata que finalmente encabezó la lista, y sacaron la campaña adelante juntos. El resultado fue la lista más votada del municipio.
Como consejero, Ocampo describe una labor exigente y muchas veces invisible. El CMJ es un órgano consultivo, no vinculante, sin unidad de apoyo jurídico ni recursos propios, lo que obliga a los jóvenes consejeros a apoyarse entre compañeros —abogados, sociólogos, politólogos en formación— para entender y tramitar los documentos que llegan a discusión. A eso se suma que, en varias ocasiones, el propio espacio para sesionar ha faltado, lo que llevó al Consejo a reunirse incluso frente a la Alcaldía como forma de visibilizar la necesidad de garantías institucionales.
Pese a las dificultades, Ocampo y su equipo han impulsado logros concretos: la inclusión de los colegios como eje central de la Semana de la Juventud, jornadas de siembra de árboles en instituciones educativas, el evento cultural ¡A Corazón Abierto! —que busca reactivarse este año con la participación de artistas emergentes— y una apuesta por acercar la poesía y la literatura a los jóvenes del municipio, con recitales que esperan anunciar próximamente en sus redes sociales.
Fuera de la agenda pública, Ocampo se define como alguien que disfruta leer, escribir poesía —con la meta de terminar un poemario este año—, bailar y explorar nuevos espacios y actividades. Esa mezcla de sensibilidad y disciplina política es, según él, lo que quiere seguir cultivando: no repetir cargos, sino crecer hacia instancias de mayor incidencia. Su horizonte inmediato es terminar su periodo como consejero —que compartirá con Valeria y Kamila bajo un acuerdo interno de relevo— y, más adelante, como objetivo futuro; aspirar al Senado de la República, cargo que asocia con la libertad de maniobra necesaria para incidir en la vida de las comunidades.
Para Ocampo, la clave de la política joven de Palmira está en la constancia: sembrar árboles, abrir espacios culturales, tocar puertas institucionales una y otra vez hasta obtener respuesta. «El voto es un resultado de lo que ya has hecho», afirma, convencido de que el reconocimiento ciudadano llega como consecuencia del trabajo, no como objetivo en sí mismo. Con ese principio, él y su equipo de la Política de la Felicidad buscan consolidarse como una de las apuestas juveniles más visibles del Partido Alianza Verde y en general en el Valle del Cauca.




