Cuando el abandono también es un riesgo

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Un polideportivo no es solo una estructura de cemento y láminas metálicas. Es, muchas veces, el único lugar donde niños y jóvenes encuentran una alternativa distinta a la calle, un espacio para el deporte, la convivencia y la construcción de comunidad. Por eso, cuando un escenario deportivo comienza a deteriorarse y nadie responde, el problema deja de ser infraestructura y se convierte en un asunto social.

Lo que hoy ocurre en el barrio San Antonio de Padua refleja una realidad repetida en muchas ciudades: los espacios comunitarios se inauguran con entusiasmo, pero con el paso del tiempo quedan atrapados entre la falta de mantenimiento y la burocracia institucional. El resultado es predecible: instalaciones deterioradas, actividades suspendidas y ciudadanos que sienten que sus solicitudes no son escuchadas.

El riesgo no está únicamente en un techo dañado. El verdadero peligro aparece cuando la prevención deja de ser prioridad. Esperar a que ocurra un accidente para actuar es una práctica que históricamente ha costado caro en el país. La gestión pública debería anticiparse a los problemas, no reaccionar cuando ya es demasiado tarde.

Además, el abandono de estos espacios envía un mensaje equivocado a la comunidad. Mientras se habla de fortalecer el deporte y prevenir la violencia juvenil, los escenarios donde esas políticas deberían materializarse permanecen sin atención. La contradicción es evidente: se promueve el deporte desde el discurso, pero no siempre desde la inversión y el cuidado permanente.

Los barrios entienden algo que a veces se olvida en las oficinas administrativas: cada cancha activa es un espacio menos para el ocio negativo. Cada entrenamiento es una oportunidad de formación y cada torneo barrial fortalece la convivencia. Descuidar estos lugares es debilitar silenciosamente el tejido social.

La solución no requiere grandes anuncios, sino decisiones oportunas. Una inspección técnica, mantenimiento preventivo y seguimiento constante pueden evitar riesgos mayores y, al mismo tiempo, recuperar la confianza ciudadana.

Cuidar un polideportivo no es un gasto; es una inversión en futuro. Porque cuando un escenario comunitario se deteriora, no solo se daña una infraestructura: también se pone en riesgo la esperanza de quienes encuentran allí un lugar para crecer.


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