Surgido de una señal roja (Rot=rojo, schild= señal) que distinguía la vivienda que ocupaba uno de los antepasados de Mayer en el Judengasse, el gueto judío de Frankfurt, el apellido Rothschild ha sido durante más de 200 años sinónimo de riqueza y poder.
Y es que aunque los nombres de sus integrantes no destacan en la actualidad en la lista de multimillonarios de la revista Forbes, esta familia dejó una huella indeleble en la política y la economía mundial.
Lo hizo en especial durante el siglo XIX, cuando prestaron fondos para financiar a las fuerzas europeas que luchaban contra Napoleón y financiaron la millonaria compra de acciones en el Canal de Suez por parte del gobierno británico encabezado por el primer ministro Benjamin Disraeli.
Pero, al mismo tiempo que crecía su reconocimiento público, los Rothschild también se convirtieron en objeto de innumerables desinformaciones que -a pesar de haber sido repetidamente desmentidas- han persistido durante estos dos siglos.
Muchos de estos mitos resurgieron en redes sociales esta semana, tras conocerse la noticia de la muerte de Lord Jacob Rothschild, quien a los 87 años de edad era considerado como la cabeza de la rama británica de esta familia.
Pero ¿cuál es el origen de esta dinastía y cuánto poder llegaron realmente a tener?
Del gueto a la corte real
Nacido en 1744, Mayer Amschel Rothschild era hijo de una modesta familia de comerciantes, en la cual también había reconocidos rabinos, razón por la cual sus padres habían pensado que su primogénito podría dedicarse a la teología.
Sin embargo, la muerte de sus progenitores cuando Mayer apenas tenía 11 años hizo que este tuviera que entrar pronto al mercado laboral tomando un puesto de aprendiz en un banco en Hanover.
Allí trabajó durante varios años hasta que, habiendo aprendido y ahorrado lo suficiente, decidió regresar en 1770 a Frankfurt, donde se casó y montó su propia empresa.
Mayer inicialmente negociaba con monedas antiguas, objetos curiosos y obras de arte, pero cuando tuvo capital suficiente se dedicó en exclusiva a las finanzas.
En pocos años, se convirtió en el banquero y administrador del langraviato (una suerte de principado) de Hesse-Cassel, bajo Guillermo I, quien luego se convertiría en Guillermo IX.
Desde esta posición, supo incrementar tanto las riquezas de Guillemo I como las suyas propias.
Ambos resultaron favorecidos por las guerras napoleónicas, pues mientras Guillermo I vendía los servicios de sus soldados a Inglaterra y Prusia, Mayer prestaba fondos a los gobiernos para financiar el esfuerzo bélico.
“[Los Rothschild] fueron uno de los principales financiadores durante las guerras napoleónicas. Ellos financiaron al ejército británico, la coalición contra Napoleón, hicieron préstamos, vendieron oro y ganaron dinero con eso», le dice a BBC Mundo el periodista estadounidense Mike Rothschild, que pese a su apellido no tiene nada que ver con la dinastía.
«Debido a que la guerra necesitaba tanto material y era tan costosa, pudieron ganar una gran cantidad de dinero de forma muy rápida”, añade el también autor de un libro sobre los principales mitos que durante 200 años se han creado alrededor de esta familia.
En otra obra publicada en 1887, The Rothschilds: the Financial Rulers of Nations («Los Rothschild: los gobernantes financieros de las naciones”), John Reeves cuenta cómo durante la guerra penínsular en España y Portugal (1808–1814) el duque de Wellington tuvo problemas para garantizar el flujo de dinero en efectivo pues ningún banquero quería asumir la responsabilidad de transferir los fondos.
Entonces, los Rotschild se ofrecieron a hacerlo a cambio de una buena comisión y durante unos ocho años se hicieron cargo de esta operación extremadamente rentable.
El éxito de esta gestión, a su vez, llevó al gobierno británico a encargarle la gestión del envío de fondos a numerosos príncipes aliados en la Europa continental.


